Jaime Vázquez En 1886 el novelista y periodista italiano Edmondo De Amicis publicó su celebrada obra Corazón: diario de un niño. Desde entonces, Cuore, su título original, ha estado presente en el gusto y la memoria de muchas generaciones. “Este libro -escribió el autor- va dedicado de manera especial a los chicos de nueve a trece años. Podría titularse: Historia de un curso escrita por un alumno de quinto en un grupo escolar. (…) El chico tenía un diario en el que anotaba, a su manera, cuanto ocurría en la clase, así como lo que veía, oía y pensaba dentro y fuera del recinto escolar (…), aprovechando los apuntes del pequeño, su padre redactó estas páginas procurando no alterar las impresiones infantiles y respetando en cuanto era posible su misma construcción (…), cuando el chico cursaba enseñanza media, leyó de nuevo el manuscrito y añadió o suprimió algo para que el texto reflejase exactamente la realidad (…). Espero, queridos amiguitos, que la lectura de este libro les agrade y estimule a ser cada vez mejores”. Editado por la SEP a mediados de los años veinte, la obra vivió tiempos de polémica a inicios de los treinta; su “lección moral” y perspectiva religiosa abrieron la discusión sobre el valor como libro oficial. En 1938 la joven María Concepción Urquiza del Valle (24 de diciembre de 1910, Morelia - 20 de junio de 1946, Ensenada) tomó el libro y lo transformó en el guion de la película Corazón de niño, estrenada en 1939. La relación de Urquiza con el cine comenzó una década antes, con un premio en el concurso La novela del cine convocado por Revista de revistas en 1926, con la obra Moby Dick, sobre la cinta La bestia del mar, de Millard Webb. La joven tenía entonces 16 años y una marcada vocación por la poesía, género que cultivó desde niña. En 1929 (año de terremotos financieros en Estados Unidos, ecos del “jueves negro” de octubre de aquel año, colapso de las Bolsas de Valores), Urquiza viajó a Nueva York para reunirse con su familia. La recibió su hermana María Luisa, esposa del productor de cine Marco Aurelio Galindo, hermano del director Alejandro Galindo. La vida y la obra de Concha Urquiza, su fugaz existencia, sus vuelcos ideológicos y fervor religioso, su luminosa obra poética, han sido objeto de diversos estudios. Urquiza escribió notas sobre cine en diversas revistas y más tarde trabajó en la compañía productora Metro-Goldwyn-Mayer. “Embriagada de dios”, la impronta literaria de Urquiza se transformó en Cesárea Tinajero, personaje de novela creado por Roberto Bolaño. En su tesis doctoral sobre Urquiza, Margarita León Vega cita a Alejandro Galindo quien afirma que, al regreso de Concha a México a principios de los treinta, “ya había dejado el comunismo, para entonces ya estaba muy metida en la religión”. Los hermanos Galindo dirigen Corazón de niño, adaptando el guion escrito por Urquiza, que eligió como eje central de la cinta el relato El pequeño escribiente florentino. La película sigue a Julio Novello (Vicente Molina), un niño aplicado que ayuda a escondidas a su padre (Rafael Icardo) en ganar dinero para la familia. El profesor Perbono (Domingo Soler) tiene que lidiar a diario con los alumnos, entre los que están los niños actores Narciso Busquets, Quintín Bulnes, Ícaro Cisneros, Jorge Vidal y Rafael del Río, entre otros. Otras versiones de Corazón en el cine: la argentina Corazón (1947, Carlos Borcosque), la italiana Cuore (1984, Luigi Comencini), y la mexicana Corazón de niño (1963, Julio Bracho). Concha Urquiza sintió el llamado de la poesía, lo terrenal, lo divino. Se entregó a la vida en plenitud y descubrió en la poesía un camino personal de exploración, de revelación. Viajó de la Ciudad de México a San Luis Potosí, a Michoacán, y en 1945, antes del inicio de clases en el Colegio de las Hijas del Espíritu Santo en Baja California, donde impartiría cátedra, dio un paseo por El Estero, en Ensenada; era el 20 de junio de 1945. Javier Sicilia lo relata así: “Concha y uno de ellos (amigos seminaristas) se quedan en un islote a nadar, mientras los otros continúan mar afuera. Escuchan voces, regresan, pero ni el seminarista ni Concha están. «Habían desaparecido –escribe Méndez Plancarte–, tragados por un fuerte remolino que suele formarse en ese lugar»”. El mar silenció la voz de la joven Concha Urquiza, de 35 años. Jaime Vázquez, promotor cultural por más de 40 años. Estudió Filosofía en la UNAM. Fue docente en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Ha publicado cuento, crónica, reportaje, entrevista y crítica. Colaborador del sitio digital zonaoctaviopaz. Autor del libro: “Michoacán en el cine. Episodios en la pantalla”. @vazquezgjaime