Francisco Bautista Rangel “En el estreno de Tata Vasco –‘lo de Pátzcuaro’, por antonomasia, en los últimos días- hubo de todo, como en las cosas buenas de veras. Mucho de magnífico, algo de pintoresco y algo también de chusco. Lo magnífico fue Tata Vasco mismo. Lo pintoresco, la serie de peripecias por las que hubieron de pasar el autor y los músicos para llegar como llegaron, tamañitos de miedo, a la gran sorpresa del triunfo […]”. El Universal, 24 de febrero de 1941. La prensa nacional en aquel entonces publicaba, a modo de anécdota, el rotundo éxito del drama sinfónico Tata Vasco,obra escenificada por primera vez en Pátzcuaro a principios de 1941, más adelante se llevó al teatro Arbeu de la Ciudad de México, así como al teatro Degollado de Guadalajara, al teatro Madrid de la propia capital española y finalmente al Palacio de Bellas Artes. Sin duda, dicha composición constituye uno de los trabajos que resumen la inventiva musical de Bernal Jiménez, personaje sustantivo que contribuyó al movimiento cultural nacionalista, a partir de una estética y capacidad expresiva expresada en su apego por la tradición religiosa. Por supuesto, el sentido de la mexicanidad y el nacionalismo se mantienen constantes a una renovación en los órdenes sociales, políticos, artísticos y culturales, mismos que, de modo incesante, despertaban a una memoria histórica cada vez más consiente de su admitido, pero todavía encubierto rostro multicultural. En este contexto, destaca la figura de José Ignacio Miguel Julián Bernal Jiménez (1910-1956), un artista completo que se posiciona como eminente compositor, organista, director sinfónico-coral, musicólogo y pedagogo. Su infancia transcurre entre salmos y cánticos como estudiante en el Colegio de Infantes de la catedral moreliana e integrante del Orfeón Pío X, su gran sensibilidad artística le llevó a convertirse en alumno destacado del Instituto Pontificio de Música Sagrada de Roma, al que ingresó en el año de 1928. Como resultado de su disciplina y técnica depurada, consiguió graduarse con los títulos de Doctor en canto gregoriano, Maestro de composición y concertista de órgano. De su amplio repertorio podemos citar música de cámara, sonatas, sinfonías, misas, motetes, himnos, villancicos, ballet y especialmente el drama sinfónico Tata Vasco, cuya partitura [conmemoró el cuarto centenario del arribo de Vasco de Quiroga a tierras michoacanas. En septiembre de 1940, Bernal Jiménez y el entonces arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores, llegaron al acuerdo de honrar a Vasco de Quiroga a través de una obra de tipo operístico que incluyera la esencia “precolonial” y mestiza del pueblo p’urhépecha. Una vez terminada la partitura, meses más tarde el estreno fue todo un acontecimiento donde se dieron cita renombradas personalidades de la política, el ámbito musical, intelectual y religioso. El argumento, con libreto de Manuel Muñoz, quedó dividido en cinco cuadros: “Agonía y Redención” (Preludio). “El Oidor” (Fantasía, fuga y minué). “El Obispo” (1ª parte. Alborada, coral e idilio). “El Obispo” (2ª parte. Fandango, rondó y danzas). “El Civilizador” (Sinfonía: Moderato-Adagio cantabile-Scherzo-Final). Cada una de las estampas musicales se ambienta en los antiguos centros del poder político-religioso de Michoacán, Tzintzuntzan y Pátzcuaro. remontándonos a la conquista espiritual en medio del caos propiciado por el presidente de la Primera Audiencia de la Nueva España entre 1528 y 1530, hablamos del capitán Nuño de Guzmán, quien, según las crónicas de fray Jerónimo de Alcalá en su manuscrito Relación de Michoacán de 1541, ordena la tortura y ejecución del último cazonci p’urhépecha Tangaxoán II. A decir sobre la estructura musical de Tata Vasco, la orquestación presenta un prólogo de potentes esquemas rítmicos, que anuncian el inminente estallamiento de una furia reprimida, dando lugar al tema de la raza en que es posible imaginar la danza de los guerreros en un ritual idolátrico, donde el sacerdote Petámuti anuncia la trágica muerte de Tangaxoán jurando tomar represalia por el agravio. Conforme avanza la obra se aprecia una yuxtaposición de líneas vocales generando el tema de amor y sus variaciones pertenecientes a la princesa Coyuva y al guerrero Ticátame, quienes reconcilian, finalmente, dos culturas opuestas en un gesto de humildad cristiana, lo cual da origen al tema de fe y al tema de Don Vasco que recuerdan melodías del canto gregoriano. En el segundo cuadro se escucha el tema de la raza, de modo contrapuntístico adaptado al coro de niños en una escena lúdica desarrollada en la sacristía del primitivo templo de Tzintzuntzan, más adelante los misioneros franciscanos entonan una melodía europea popular que antecede la entrada de Don Vasco quien desarrolla múltiples pasajes líricos en su tema principal. Durante el tercer cuadro se consagra el matrimonio de Coyuva y Ticátame revirtiendo la maldición del Petámuti que agoniza luego de haberse herido con su propia cuchilla; de inmediato se entona un segundo “Alabado” como muestra de condolencia ante la conversión del impío. Le sigue un Fandango de danzas estilizadas que remiten al folclor indígena. Una Sinfonía cierra la obra, mientras desfilan muestras artesanales realizadas por manos p’urhépecha dando a cada una su propia especificidad musical, el colofón lo otorgan pequeñas secciones melódicas de los tres primeros movimientos, hasta culminar con un cántico victorioso donde arriban todos los personajes a la sala episcopal en Pátzcuaro, festejando a Tata Vasco y el patronazgo de la virgen María de la Salud. De este modo, Bernal Jiménez toma la batuta logrando trasmitir un profundo anhelo: mostrar no la distancia cultural anacrónica entre lo indígena y lo europeo, sino el espíritu en formación de una nueva raza que hará posible el surgimiento de la patria mexicana, dueña de su propia soberanía y con identidad propia. Francisco Bautista Rangel, es historiador del arte y su labor se relaciona con espacios y repositorios institucionales destinados a la documentación y procesos editoriales, sobre la producción y el impacto social de las artes. Asimismo, se desempeña como músico, gestor y promotor en áreas de estudios regionales, relacionados con la puesta en valor y difusión del patrimonio cultural del Estado de Michoacán.