Redacción / La Voz de Michoacán El director Bruno Santamaría Razo presentó su largometraje “6 meses en el edificio rosa con azul”, en el 24° Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), como parte de la sección de Largometraje Mexicano de la Selección Oficial. En la presentación estuvieron presentes el productor Carlos Quiñones, la editora Andrea Rabasa, el director de fotografía Fernando Hernández, y los actores Valeria Venegas, Sofía Espinosa, Eduardo Gómez y Jader Reyes. La historia sigue a Bruno, un niño de 11 años que vive en la Ciudad de México de los años 90, y quien descubre su enamoramiento por su mejor amigo Vladimir, mientras su familia lidia con el diagnóstico de VIH de su padre. El cineasta compartió que el origen de la película se gestó en pleno periodo de aislamiento por la pandemia de COVID-19. Tras haber tenido que suspender un proyecto documental en un comedor para personas en situación de calle, el confinamiento y la sensación de vulnerabilidad lo llevaron a conectar emocionalmente con un episodio de dolor, temor y luto vivido por su propia familia años atrás. "Comencé a entrevistar a mi familia y me encontré con versiones contradictorias. Al empezar a escribir me di cuenta de que, para conectar las ideas y las imágenes, debía recurrir deliberadamente a la imaginación. No estaba haciendo una película ligada estrictamente a un hecho familiar, sino a la memoria emocional de una familia que atravesó un suceso que lo movió todo", explicó Santamaría. Sofía Espinosa destacó el valor del tiempo otorgado para dialogar, ensayar e intercambiar vivencias personales antes del rodaje, lo que permitió que las interpretaciones nacieran de un proceso natural y libre: "Esa distancia permitió crear a los personajes juntos, rescatando pinceladas de la realidad para construir algo verdaderamente propio". Jader Reyes y Valeria Venegas valoraron la libertad creativa durante las grabaciones, las cuales se sintieron más como un "juego colaborativo" en el que no existía presión, permitiendo a los intérpretes aportar sus propias emociones. El director de fotografía, Fernando Hernández, subrayó la complicidad de años con Bruno Santamaría y cómo la labor del equipo de diseño de producción logró transformar el espacio de filmación en un universo rico en detalles y significados compartidos.