Osiris Olachea / La Voz de Michoacán La pérdida de un ser querido transforma la vida de quienes permanecen, deja vacíos difíciles de nombrar y obliga a encontrar nuevas formas de relacionarse con el mundo. Esa experiencia íntima es el punto de partida de Liena, cortometraje mexicano de ficción dirigido por Natalia Moguel y producido por Maja Moguel, que forma parte de la selección del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). A través de la historia de una madre y su hijo que enfrentan la muerte de sus seres queridos, la película explora el duelo, la memoria y la reconstrucción de los vínculos familiares. En este proceso, la música adquiere un papel fundamental: se convierte en un medio para preservar los recuerdos, reconocer la ausencia y encontrar nuevas maneras de permanecer unidos. Para Natalia Moguel —quien ha trabajado con cineastas como Alejandro G. Iñárritu, Alfonso Cuarón, Gael García o Apichatpong Weerasethakul— la realización de Liena surgió de la necesidad de comprender cómo la pérdida modifica a las personas y se incorpora a su vida cotidiana. Aunque la historia no es autobiográfica, reconoce que está atravesada por experiencias y emociones personales que le permitieron aproximarse a un tema tan complejo desde una perspectiva íntima. “Liena nace de la necesidad de poder explorar y entender qué nos pasa con la pérdida o con la ausencia de nuestros seres amados, cómo nos transforma también, cómo nos deja una huella en el cuerpo, en el alma y cómo, de alguna forma, se integra a nuestra vida cotidiana y nos permite resignificarnos y reconstruirnos”, explicó la directora. La cinta apuesta por una trama sencilla que privilegia las emociones y el proceso de transformación de sus personajes. Más que plantear el duelo como una etapa que debe dejarse atrás, propone observar cómo las personas aprenden a convivir con el vacío y a reconstruir su existencia a partir de lo vivido. Esta perspectiva también se refleja en la relación entre la madre y el hijo, quienes atraviesan una misma pérdida desde experiencias y necesidades distintas. Mientras cada uno busca la manera de conservar a quienes ya no están, ambos deben aprender a reconocerse dentro de una nueva realidad familiar. Para Maja Moguel, uno de los aspectos centrales de la historia es precisamente esa capacidad de reconstrucción. La productora considera que la ausencia modifica las relaciones y obliga a encontrar nuevos significados sin que ello implique dejar de ser una familia. “Lo más complicado del duelo es que cuando hay un vacío necesitas encontrar un nuevo significado a ese nuevo espacio”, señaló. En ese sentido, agregó que las familias pueden reconstruirse de otra manera frente a las circunstancias que les toca vivir. La música como protagonista de la historia Uno de los elementos distintivos de Liena es el lugar que ocupa la música en la narración. Desde la concepción del guion, este recurso fue pensado no como un acompañamiento de las imágenes, sino como una parte esencial de la experiencia emocional de los personajes. La música original funciona como un vínculo entre quienes permanecen y quienes han muerto, una forma de mantener presentes los recuerdos y comunicar aquello que las palabras no siempre consiguen expresar. “Pretende ser un protagonista dentro de la historia, no un score que acompañe, sino más bien que ayude como un vaso comunicante entre los que se quedan y los que se van”, explicó Natalia Moguel. Esta decisión responde a la apuesta narrativa del cortometraje, que privilegia los silencios, las imágenes y las emociones para acercarse a la experiencia de la pérdida. La música forma parte de lo que la realizadora define como la “partitura emocional” de la película, una dimensión que acompaña la transformación de los personajes y la manera en que resignifican sus recuerdos. Natalia Moguel, directora de Liena. Foto: Ashley Rodríguez El trabajo con el elenco también fue fundamental para construir esa intimidad. La directora explicó que la aproximación a los actores adultos, profesionales, fue distinta de la que desarrolló con los niños que participan en la película. Mientras que con los primeros se trabajó en la construcción de los personajes, sus trayectorias y las relaciones familiares antes y durante el rodaje, con los niños la dirección requirió una dinámica basada en el juego, la espontaneidad y la capacidad de reconocer los momentos que surgían naturalmente frente a la cámara. Para Moguel, el desafío consistió en conseguir que todos los integrantes del elenco construyeran una unidad y una comunicación que hicieran creíble a la familia representada en pantalla. Reconocer la mirada y las emociones de las infancias Desde la producción, Maja Moguel identificó el trabajo con los niños como uno de los principales retos del proyecto. La presencia de intérpretes infantiles exigió una aproximación respetuosa, capaz de atender sus necesidades y, al mismo tiempo, permitirles participar en la construcción de la historia. La productora destacó particularmente la importancia de reconocer que las infancias pueden comprender experiencias complejas de acuerdo con su etapa de desarrollo, incluso cuando los adultos suelen subestimar su capacidad para procesarlas. “Los niños pueden llegar a comprender de una manera muy profunda lo que les sucede en sus etapas de vida”, afirmó. En el cortometraje, esa perspectiva resulta relevante para mostrar cómo un hijo experimenta la pérdida y busca recuperar los recuerdos de sus seres queridos, sin reducir su experiencia a una versión simplificada de la mirada adulta. El trabajo con los intérpretes infantiles incluyó el acompañamiento de un acting coach, además de una dinámica de dirección distinta a la empleada con los actores profesionales. Para Maja Moguel, la clave estuvo en la sincronía de todo el equipo alrededor de los personajes y en la posibilidad de construir un entorno que permitiera desarrollar sus interpretaciones con naturalidad. Maja Moguel, productora de Liena. Foto: Ashley Rodríguez La productora también explicó que su interés por el proyecto surgió de su afinidad con las historias íntimas que exploran la naturaleza humana, las emociones y el crecimiento personal. Aunque reconoce la relevancia del cine que aborda problemáticas políticas y sociales, considera necesario que también existan películas que inviten a las personas a mirar hacia su interior y reflexionar sobre sus propias experiencias. “Hoy en día nos hace falta regresar a nuestro interior, a nuestra esencia, a nuestras emociones”, expresó. De acompañar grandes producciones a construir una voz propia La realización de Liena representa también un paso significativo en la trayectoria de Natalia Moguel, quien ha desarrollado una amplia experiencia como script supervisor y asistente de dirección en producciones nacionales e internacionales. Entre los proyectos en los que ha colaborado se encuentran Bardo, de Alejandro G. Iñárritu; Roma, de Alfonso Cuarón; Memoria, de Apichatpong Weerasethakul; Siberia, de Abel Ferrara; Chicuarotes, de Gael García Bernal; Esto no es Berlín, de Hari Sama; Miss Bala, de Catherine Hardwicke, y El Prófugo, de Natalia Meta. Su participación en estos procesos le permitió conocer de primera mano las distintas etapas de una producción cinematográfica, desde la preproducción hasta el rodaje y la posproducción, así como los retos que implica trasladar una visión creativa a la pantalla. Sin embargo, dirigir Liena significó asumir la responsabilidad de construir y defender su propia mirada. La realizadora considera que la voz cinematográfica se desarrolla a partir de las experiencias que marcan y definen a cada persona. En su caso, el aprendizaje acumulado al trabajar con otros cineastas enriqueció su comprensión del oficio y le permitió identificar su propia manera de contar historias. “Con el tiempo he entendido mi propia forma de contar una historia, mi propia forma de poderlo presentar en imágenes”, señaló. En Liena, esa búsqueda se manifiesta en una puesta en escena que privilegia la emoción y el proceso interior de los personajes. La experiencia de dirigir el cortometraje también tuvo un efecto personal en la realizadora, quien reconoció que el proceso la llevó a confrontar retos, replantearse aspectos de su vida y encontrar nuevas formas de resignificar sus propias experiencias. “Creo que no soy la misma antes y después de haber contado esta historia”, afirmó. Maja Moguel compartió esa percepción y describió el proyecto como una experiencia que dejó una huella profunda tanto en su vida personal como profesional. La posibilidad de realizarlo junto a su hermana añadió una dimensión particular al proceso creativo y fortaleció su manera de entender el trabajo cinematográfico. Para ambas, la película no concluye cuando termina el rodaje o la edición: adquiere nuevos significados en el encuentro con quienes la ven. La respuesta del público se convierte así en una parte fundamental de la experiencia, pues permite que la historia continúe transformándose a través de las reflexiones y vivencias de cada espectador. El FICM, un espacio de encuentro con el público y la comunidad cinematográfica La participación de Liena en el Festival Internacional de Cine de Morelia representa una oportunidad para compartir esta historia con públicos diversos y formar parte de uno de los espacios de exhibición más importantes para el cine mexicano. Para Natalia Moguel, el festival constituye una ventana para presentar el trabajo realizado y conocer las reacciones que despierta la película. También representa la posibilidad de entrar en contacto con otras propuestas cinematográficas que pueden enriquecer la mirada y abrir nuevas perspectivas sobre las maneras de narrar. La directora destacó el valor de la retroalimentación del público, pues considera que una historia no termina de construirse con el guion, el rodaje o la posproducción, sino que encuentra una nueva dimensión cuando llega a la pantalla y establece una relación con los espectadores. Maja Moguel, por su parte, describió el FICM como un espacio de encuentro para la comunidad cinematográfica, en el que la exhibición de las películas se acompaña de la posibilidad de conocer y admirar el trabajo de otros realizadores. Desde su perspectiva como productora, hacer cine también significa construir relaciones y formar familias a partir de los vínculos que se desarrollan durante una producción. Por ello, destacó el valor de regresar a Morelia y participar en un festival que permite compartir proyectos y reencontrarse con quienes forman parte de la industria. Con Liena, Natalia y Maja Moguel presentan una historia que encuentra en la intimidad de las relaciones familiares una vía para abordar una experiencia universal. La película invita a reconocer que el duelo no necesariamente significa olvidar o dejar atrás a quienes han muerto, sino aprender a integrar su ausencia en la vida y encontrar nuevas formas de relacionarse con los recuerdos. ¿Dónde ver el cortometraje? El cortometraje se exhibirá el miércoles 21 de octubre, a las 15:30 horas, en la sala 1 de Cinépolis Centro, como parte del Programa 4 de Cortometraje Mexicano de Ficción. También tendrá una función el jueves 22 de octubre, a las 13:30 horas, en el Museo Regional Michoacano, con entrada libre. A través de la música, los silencios y la transformación de sus personajes, Liena propone una reflexión sobre aquello que permanece después de una pérdida: los recuerdos, los vínculos y la posibilidad de reconstruir la vida sin renunciar a la huella de quienes formaron parte de ella.