Lo único que quiero es que no estés muerto

No quiero agradecer, no quiero perdonar ni pedir perdón, ni hacer evaluaciones sanadoras de nuestra vida en común, ni dejar de sufrir, ni volverte a ver una vez más, no quiero regresar al pasado a recorrer las calles que ya no se parecen a ellas mismas

Ilustración: Nektli Rojas

CARTA

Querido Bertrand:

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No sé dónde estás porque nadie conoce el país Muerte. Dijiste muchas veces que eras marxista cartesiano. Sin embargo, uno convencido de estar acompañado por el fantasma de su padre. Por mi parte, yo nunca he querido creer ni el destino ni en las apariciones… Si las ves, ¿te vas al psiquiátrico o crees? Ya abierta la puerta de la creencia, ¿dónde está el límite de lo increíble? Por ejemplo, yo no creo en el Norte. Cuando te lo hice saber, dragón de fuego, echabas humo por las narices.

Como dice Benedetti: “donde estés/ si es que estás/ si estás llegando/ aprovecha por fin/ a respirar tranquilo”. De Benedetti a Kübler-Ross, se dicen muchas cursilerías con el propósito de contener el dolor de quienes se ven frente a lo ominoso. Dime cómo te moriste, dale contexto a lo terrible. Quizá te fuiste pronto. O no… cita en Samarcanda y etcétera.

Confieso que te convertí en personajes varios. Uno de ellos fue un poco como Prot, de la película K-Pax: un loco que se creía un extraterrestre abandonado en este mundo, a la espera de la orden para destruirlo, o realmente un alien condenado a la soledad y a la tristeza. No inventé el argumento: tú lo hiciste. Era la fantasía que necesitabas para sobrevivir.

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Otro fue un ser de esperanza. Un ángel loco, como el de García Márquez, con unas alas enormes que no le servían más que de estorbo. Tampoco lo inventé. Tú no deseabas ser útil para nadie, por eso las alas sólo te eran un fastidio. Pero, aun sin quererlo, iluminaste mi vida. Qué se le va a hacer, así pasó y punto.

Fuiste también un vampiro. Las cosas que desconocías de ti mismo eran terribles. Porque eras un ser que ignoraba que requería sangre, que se conformaba con la poca que podía conseguir de casualidad, que nunca relacionaba su satisfacción con su necesidad. Recuerda que los vampiros no son inmortales. En todos los relatos, las películas, las anécdotas, siempre acaban muriendo. Vivir como un ente de la noche no es una promesa de inmortalidad: es un trastorno de personalidad. Only lovers left alive (sólo los amantes sobreviven). No lo traduzco para ti. Una vez dijiste que hablabas a la perfección tres idiomas, entre los que se contaba el inglés. En consonancia con tus talentos vampíricos.

Todos esos personajes son derivaciones del que tú creaste para salir al exterior. Claro, todxs inventamos uno para poder sobrevivir. Wilhelm Reich lo llamaba la coraza caracterológica, esa barrera rígida que nos construimos para poder enfrentar a los otros (esos pequeños infiernos, Sartre dixit). El primero de ellos, los parents. Tú tenías mucho qué decir con respecto a las batallas de familia.

Me dijo Pina que te había visto paseando a tu perro por el bosque que rodeaba el fraccionamiento en donde vivías. Me dijo Caro que te vio en una silla de ruedas con treinta y siete kilos. Yo no volví a verte, así que puedo recordar tus ojos azul crueldad, tus labios delgados, tus rizos grises al aire, así como eras antes de que el sol te alcanzara y te redujera a un envase. La parca en mi espalda, pienso en tu muerte y recuerdos tus pies desnudos. Ahora son cenizas en una urna.

Beauvoir escribió en La ceremonia de los adioses acerca de la muerte de Sartre: “Su muerte nos separa. Mi muerte no nos reunirá. Es así”. Nada que ver con ellos. Fuimos fieles y leales. Pero no nos volveremos a reunir, porque no es la muerte quien nos separó en primer lugar: nos desunieron las mismas patologías que nos hicieron encontrarnos. Es así.

No quiero agradecer, no quiero perdonar ni pedir perdón, ni hacer evaluaciones sanadoras de nuestra vida en común, ni dejar de sufrir, ni volverte a ver una vez más, no quiero regresar al pasado a recorrer las calles que ya no se parecen a ellas mismas. Lo único que quiero es que no estés muerto.

Nektli Rojas es escritora, en este momento, llena de muerte.