REPORTAJE | Covid-19 ‘contagia’ al cempasúchil: se caen producción y venta de flores en el campo michoacano

Un día de muertos menos coloridos y sin tradicionales pétalos decorando las tumbas se viene gracias pandemia

Foto: Víctor Ramírez.

Texto: Arturo Molina Fotografía: Víctor Ramírez

Morelia, Michoacán. La tradicional flor de cempasúchil fue “borrada” de los campos del norte del estado de Michoacán. Los efectos del coronavirus, la incertidumbre económica y el miedo a la pérdida de la producción, generaron que los tradicionales campos repletos de los colores amarillos de la flor se sustituyeran por hortalizas y cultivos de temporal, buscando sustituir este año las pocas esperanzas de ventas por algo de alimento seguro para las comunidades que se dedican a esta actividad.

En el municipio de Tarímbaro los productores se asumieron con miedo y tristeza por la situación que les ha tocado vivir con la pandemia por la COVID-19. En más de 40 años que llevan haciendo producir las tierras familiares con las flores de temporada nunca habían visto una situación similar.

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La Voz de Michoacán recorrió, como cada año, los principales puntos del estado en donde se producen las tradicionales flores que dotan el color al Día de los Muertos. Lo que hace apenas un año fueron vastas hectáreas de flores de color amarillo, morado y blanco, para este año se han reducido a pequeñas líneas de cultivo al margen de plantas de chícharo, maíz y otros productos que se destinarán al autoconsumo y algunas ventas.

Dese hace 3 meses, los productores de la comunidad de El Colegio y tenencias del norte de Tarímbaro reconocieron que el panorama para las actividades la temporada de Muertos de este año se veía “complicada”, por lo que en lo colectivo y en lo particular tomaron la decisión de disminuir al menos a la mitad la producción de las flores. Optaron por producir máximo la mitad que en otros años y muchos incluso por no producir nada.

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A 15 días de que sea la noche del regreso de las ánimas, los compradores y comerciantes de las flores no se han acercado con los productores de esta región del estado. En años pasados, advierten, para la primera semana de octubre ya tenían comprometida la venta de los manojos de flor para su distinción, sobre todo en la capital michoacana.

Al borde de las lágrimas, don Jorge, productor de flores, señaló que cada semana se tienen que invertir mínimo mil pesos en una pequeña parcela de flores para protegerla de las plagas, lo anterior sin considerar costos de fertilizantes, agua y las semillas mismas. A pesar de la situación, no han visto apoyo por parte de los gobiernos.

Cada parcela de menos de una hectárea puede llegar a costar más de 10 mil pesos, por lo que reconocieron que el riesgo económico para este año sigue siendo potencialmente elevado a pesar de que la producción se redujo.

En Morelia, Pátzcuaro, Uruapan y municipios aledaños autoridades han tomado la determinación de cerrar las huertas de los panteones. Lo anterior, implica la limitante a la instalación de los tradicionales altares en las tumbas, principales recipiendarios de las bellas flores producidas a unos cuantos kilómetros de distancia de la capital.

Solo en el municipio de Morelia cada año se venden en promedio 900 mil manojos de flores en sus distintas variedades. Lo anterior representa una cadena de valor que va desde los productores, transportistas, vendedores y otras ramas relacionadas a la venta de los artículos alusivos al día de muertos.

“Esta pandemia nos tiene a raya, no podemos hacer nada, porque se meten los miles de pesos y si no se sacan… desde que supimos que las cosas estaban así de duras nos abstuvimos a poner la planta que poníamos. Tenemos un temor bárbaro grande, de que las autoridades nos cierren las puertas. Para nada nos han venido a buscar. Es un sustento el que tenemos de cada año, si nos cierran las puertas pues ya se imagina el miedo que tenemos”, lamentó.

Si bien el llamado de los gobiernos es a que se coloquen los altares en las casas, para los productos de flores lo anterior es apenas un paliativo para la pérdida económica que van a tener. En cuanto a cobertura con flores, los altares poco o nada igualan a lo que se invierte directamente en las tumbas de los panteones de Morelia.

Como nunca antes se había visto para la época, se observan tierras desocupadas, mismas que los propietarios prefirieron dejar sin producir a arriesgarse a invertir en el costoso proceso de producción de las flores.

“Son 3 o 4 meses de trabajo y tenemos que estar saque y saque. Es muy duro para nosotros. Le pedimos al gobierno que se acuerden de nosotros y que se arrimen como lo dicen. Si nos llegan 20 pesos son 20 pesos que son buenísimos por las necesidades que tenemos, porque la realidad lo estamos sintiendo muy duro”, manifestó el productor.

Sin apoyos de los gobiernos

Hasta el momento, las dependencias de agriculturas estatales y federales, no han emitido algún posicionamiento respecto a la pérdida económica en el campo michoacano por las flores de muerto. Michoacán se ubica en el segundo lugar a nivel nacional en la producción del cempasúchil, solo por debajo del Estado de México.

Las plantas están prácticamente listas para ser cortadas. Incluso, muchas del cempasúchil y patas de león que se producen en la zona ya “se doblan” por el peso de los bulbos coloridos, mismos que esperan a que se acerquen los comerciantes para comenzar la venta.

El precio se mantiene en incertidumbre. Si bien la oferta de la flor se ha caído, la demanda también ha mermado, en tanto que reconocen que la misma situación impulsaría a que la flor fuera incluso más cara que en otros años al menos en la ciudad de Morelia.

A unas cuantas parcelas de distancia, Efraín, productor de flores desde hace más de dos décadas, señaló que el temor de la pérdida económica lo orilló a cosechar chícharos y otros productos que, a pesar de la crisis económica y sanitaria, no se han dejado de vender.

Con su azadón en mano refirió que él fue de los que menos redujo sus parcelas en cuanto a ‘flores de muerto’, pasando por debajo del 50 por ciento de lo que normalmente siembra y cosecha cada año durante la temporada.

“Nos reducimos a la mitad. Cada quien aquí tomó su decisión de poner lo que quiera o que se vaya a vender, pero si le echamos cuenta al trabajo porque si no se vende ahí se va a quedar todo y va a ser pérdida total, porque si no vienen para que producir. Estamos esperando a que se venda, todos pusieron como 2 o 3 surcos, yo soy el que tiene más flor en esta parte del municipio. En El Colegio también hay bien poco a diferencias de otras épocas donde había parcelas enteras de flores. Si no se nos vende vamos a quedar mal”, explicó Efraín.

Las distintas variedades de flores requieren de al menos cinco meses de trabajo para poder estar listas para la noche de gala, en la cual serán utilizadas como elemento central, colorido y espiritual de miles de tumbas de todo el estado. En esta zona de Tarímbaro se pueden encontrar enormes extensiones de tierra que pintan de diversos colores los campos del municipio: el rojo de la pata de león, el amarillo del cempasúchil, el blanco de la nube. 

Un sector muy agraviado

Desde el 2017, los productores de esta región manifestaron a esta casa editorial los problemas económicos en cuantos precios de venta, aumento en los costos de producción e incluso los altos costos de reventa que provechaban comerciantes en la ciudad de Morelia, lo que se advirtió como una crisis en el sector de esta emblemática planta. 

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Desde muy temprano, y pese a las bajas temperaturas, cientos de agricultores salen a trabajar a los campos, con el objetivo de mantener en buenas condiciones los botones de los cuales comienzan a brotar las primeras flores. 

Cabe destacar que las flores de cempasúchil, y las flores ornamentales de altares de día de muertos, sólo florecen después de la época de lluvias. Por esta razón se ha convertido, junto con las calaveritas de azúcar y el pan de muerto, en uno de los íconos de las fiestas de muertos. Conocida sobre todo por ser uno de los adornos más populares en las tumbas y ofrendas de Día de Muertos, la que es conocida mundialmente como "flor de veinte pétalos" es y seguirá siendo, la imagen central de los festejos fúnebres de noviembre, aunque este año con un paso muchísimo más discreto.