COVID-19, una pandemia con repercusiones emocionales ¿Qué hacer?

Las medidas restrictivas para evitar contagios acarrean consecuencias negativas en la salud mental de la población.

Imagen: La Voz de Michoacán.

Jorge Ávila / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. A partir de que se detectó el brote del nuevo coronavirus en la región central de China, a finales de 2019, varios países han tenido que adoptar medidas más drásticas para contener lo que ahora es una pandemia, como la cuarentena a sus ciudadanos, el cierre de establecimientos donde se concentran grandes cantidades de personas, endurecer las medidas sanitarias y demás estrategias para evitar que el virus se propague a una velocidad mayor. Sin embargo, expertos en salud pública de todo el mundo reconocen que la aplicación de estas medidas acarrea en el corto y mediano plazo consecuencias negativas en detrimento de la salud mental de la población.

Aunque en México aún no se ha llegado a medidas como la cuarentena, es importante reconocer que el establecimiento de medidas más restrictivas es un escenario probable si los contagios siguen presentándose. Aunque, claro, no hay que caer en pánico, pero sí acatar las recomendaciones e indicaciones de las autoridades sanitarias.

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Yuri Cutipé, el director de Salud Mental del Ministerio de Salud (Minsa) de Perú, señaló en entrevista con medios de ese país que para evitar problemas psicológicos en los lugares donde se ha decretado la cuarentena, es necesario que la gente entienda que la medida no es negativa, sino que se adopta en beneficio de la sociedad en el sentido de que permite evitar que crezca el número de contagios.

“La cuarentena puede percibirse como amenazante, cuando en realidad es una medida protectora. Sin embargo, es posible que las personas lo vean negativamente, sobre todo en los primeros días. Esta percepción puede durar unos días hasta que se termine por comprender la ventaja que tiene el aislamiento en la lucha contra este virus”, señaló al medio peruano La República.

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Los principales malestares de naturaleza psicológica se reflejan en tensión emocional, estrés y hasta la idea de que la medida es un asunto grave. “Algunas personas van a presentar malestares emocionales como tensión y sólo van pensar en la medida y los riesgos. También en el caso de los jóvenes, que tienen una actividad más activa, pueden sentir ansiedad, estrés, entre otros efectos psicológicos”, sostuvo Cutipé.

Esto se ve reflejado sobre todo en personas jóvenes, que están acostumbradas a la rutina de salir de casa a hacer sus actividades normales, salir a convivir con amigos y compañeros o para hacer deporte, pero también en los niños, que están habituados al ritual de salir todos los días a la escuela, donde además suelen estar sus amigos. Por eso, el especialista peruano señala que “es importante que los adultos pregunten a los menores qué les preocupa e informales la situación que estamos viviendo para que tomen las medidas adecuadas”.

Para evitar situaciones de riesgo emocional se recomienda ver de forma positiva las restricciones, como la suspensión de clases, y aprovechar el tiempo en familia, y en lugar de aislarse emocionalmente, es fundamental el diálogo constante, y esto incluye a adultos mayores.

“Las recomendaciones para los adultos son tranquilizarnos, informarnos bien para aceptar que es una medida que beneficia a todos, organizar el tiempo en casa, utilizar esta medida como un espacio de reunión familiar, de diálogo, jugar con la familia”, puntualizó Yuri Cutipé.

Para evitar la ansiedad también se recomienda dedicar ciertas horas a la revisión de noticias sobre coronavirus por los canales adecuados y ocupar mayor tiempo en actividades como ver películas con la familia o realizar juegos con los más pequeños.

El miedo, factor clave

Muchos problemas que afectan a las personas en situaciones de epidemias o pandemias como la actual tienen su origen en el miedo.

La psicoterapeuta y psicoanalista mexicana Mónica Castro, señala que las noticias tendenciosas o con datos erróneos pueden incidir en los sentimientos de enojo, furia o preocupación, y a nivel social, histeria colectiva (la compra masiva de papel higiénico es un ejemplo), ansiedad, sensación de vulnerabilidad y temor al contacto con otras personas. Sin embargo, puntualizó que para controlar las epidemias se requieren cambios en la conducta, así como una participación activa de la comunidad.

En ese sentido, muchos problemas que afligen a las personas en situaciones como la actual se originan en distintas expresiones del miedo. Y es que estudios realizados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) han identificado que hasta más del 80 por ciento de las personas, en circunstancias de cercanía evidente al peligro, expresan manifestaciones sintomáticas de angustia e incluso pánico.

Foto: Pixabay.

La especialista Mónica Castro señaló que el coronavirus afecta por ser un problema de emergencia de salud pública mundial, de impacto económico y de pérdida de comunicación con otros países, lo que se acrecienta por la velocidad a la que se difunde la información mediante portales de noticias y redes sociales. Por eso es necesario que los gobiernos desarrollen planes nacionales y se preparen con el requerimiento de medicamentos, en especial para grupos de alto riesgo, todo ello no sólo para contener la pandemia, sino también para dar a la ciudadanía la seguridad de que el problema se está atendiendo de forma eficiente. Esta sensación de seguridad se ha visto mermada con acciones como el que el presidente Andrés Manuel López Obrador se niegue a usar gel antibacterial o en rueda de prensa muestre las imágenes religiosas con las que se “protege”.

El impacto emocional del aislamiento social

Aunque México aún no entra en una etapa de cuarentena como en otros países del continente, es importante tener en cuenta que es un escenario que podría darse si los contagios avanzan.

En países donde se ha decretado periodo de cuarentena la sociedad tuvo que empezar a cambiar sus hábitos, desde la forma de saludarse hasta los hábitos de higiene.

Al decretarse cuarentena se impuso un concepto aparentemente nuevo: el aislamiento social.

Ante esta condición, los expertos coinciden en que lo primero que se manifiesta es la ansiedad. “La gente tiende a sufrir bastante de ansiedad porque no puede frecuentarse, o si se frecuenta tiene miedo de contagiarse. Suele ponerse muy ansiosa y eso eleva los niveles de ansiedad que ya tiene”, señala Gabriela Martínez Castro, directora del Centro de Estudios Especializado en Trastornos de Ansiedad (CEETA) de Argentina.

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“Digamos que a lo que se enfrentan es a un posible estado de aburrimiento sin saber qué hacer porque la costumbre son los eventos sociales”, indica por su parte Silvia Ibarra, directora médica del Centro Espacio Plenus, de Buenos Aires.

“En este caso lo que va a haber que poner en práctica es la creatividad para generar otro tipo de encuentros. Obviamente que ahora con las redes sociales podemos empezar a generar encuentros virtuales, grupales o individuales, y poder acceder a una recreación un poco más aislada y no en soledad, sino compartiendo, pero desde otro lugar”, agrega la especialista.

“Cambiar la forma de saludar, dejar de darnos besos y abrazarnos, claramente provoca carencias afectivas porque necesitamos el contacto humano, que es fundamental para el sistema inmunológico y para una vida mental equilibrada”, pero señala que hay que tener en cuenta, y hacérselo saber sobre todo a los niños, que la falta de contacto físico por parte de sus padres no es por no querer, sino porque es una recomendación que hay que acatar. Además, es necesario explicarles a los niños pequeños que, además de ser una recomendación, es algo transitorio, y concientizarlos sobre la necesidad de reducir el contacto físico.

Especialistas también señalan que esta situación impacta a las personas más vulnerables emocionalmente, como quienes sufren cuadros de depresión o ansiedad, ya que estos problemas se acentúan. “Por eso lo importante es poder seguir conectados con el afuera a través de las redes y no perder la comunicación con los otros”, insiste Silvia Ibarra.

Otro punto que hay que tomar en cuenta es el estado paranoide y la psicosis social, que puede generarse por el miedo y la desinformación, por eso es preciso hacer énfasis en que la pandemia es contenible si se acatan las medidas establecidas, tomando en cuenta que las epidemias y las pandemias terminan en un lapso de tiempo determinado, se autolimitan. Por eso es importante combatir la idea de finales apocalípticos y enfatizar la transitoriedad de la situación.

En México, sobreinformación y paranoia

En México, la incidencia de coronavirus COVID-19 puede causar estados de miedo o pánico en la sociedad, y esto puede derivar en problemas de salud, según la secretaria técnica del Consejo Nacional de Salud Mental, Lorena Rodríguez Bores.

En una reciente rueda de prensa, la especialista señaló que si bien el miedo puede ser un mecanismo de protección para realizar las acciones de prevención adecuadas o seguir las indicaciones que dan las autoridades, el pánico puede llevar a situaciones de riesgo.

La gente que empieza a sentir pánico, explicó, puede caer en un círculo de vigilancia obsesiva de sus síntomas y relacionar cualquier molestia con el virus, lo que los puede llevar a automedicarse con fármacos no indicados, e incluso hacer gastos innecesarios o excesivos, como la compra desmesurada de papel higiénico o desinfectantes.

“Está bien comprar algunos de los insumos que se recomiendan, pero lo que no es adaptativo es comprar grandes cantidades o que nos puedan comprometer en la parte financiera”, refirió.

El pánico también puede llevar a una conducta de sobreinformación, es decir, a una búsqueda obsesiva de información que puede conducir a fake news o notas sensacionalistas y alarmistas.

En ese sentido, la especialista indicó que dentro de las acciones que ya se toman en el país para enfrentar el nuevo coronavirus, se capacitó a los primeros respondientes de la línea de información del COVID-19 de la Dirección General de Epidemiología para detectar si alguna persona necesita atención psicológica.

“Sabemos que muchas de las personas que llaman no sólo hablan porque tienen dudas o necesitan la información, muchas llaman porque empiezan a tener esta situación de miedo o de pánico”, comentó.

Para solicitar cualquier información, el gobierno federal ha habilitado la línea telefónica 800 00 44 800.

¿Cómo enfrentar la situación generada por el coronavirus?

A través de un comunicado emitido el pasado 10 de marzo, el Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, mediante su grupo de trabajo de Urgencias y Emergencias, dio a conocer una serie de pautas destinadas a promover un afrontamiento psicológico adecuado de la pandemia, que, cabe señalar, en España ha causado gran impacto.

En el comunicado, el organismo español señala que ante un panorama en que abunda la desinformación o la información errónea o magnificada, las personas pueden presentar conductas de alerta poco eficaces a nivel personal y social. 

Aunque las personas no presenten signos del virus, sí pueden desarrollar conductas nocivas, y en estos casos se recomienda:

-Identificar pensamientos que puedan generar malestar. Pensar constantemente en la enfermedad puede hacer que aparezcan o se acentúen síntomas que incrementen su malestar emocional.

-Reconocer sus emociones y aceptarlas. Si es necesario, comparta su situación con las personas más cercanas a usted para encontrar la ayuda y el apoyo que necesita.

-Cuestionar: busque pruebas de realidad y datos fiables. Conozca los hechos y los datos fiables que ofrecen los medios oficiales y científicos y evite información que no provenga de estas fuentes, evitando información e imágenes alarmistas.

-Informar a sus seres queridos de manera realista. En el caso de menores o personas especialmente vulnerables como ancianos, no les mienta y proporcióneles explicaciones veraces y adaptadas a su nivel de comprensión.

-Evitar la sobreinformación. Estar permanentemente conectado no le hará estar mejor informado y podría aumentar su sensación de riesgo y nerviosismo innecesariamente.

-Contrastar la información que comparta. Si usa redes sociales para informarse, procure hacerlo con fuentes oficiales. 

Para atender esto, se recomienda seguir las siguientes pautas y tareas de autocuidado:

-Mantenga una actitud optimista y objetiva. Es fuerte y capaz.

-Lleve a cabo los hábitos adecuados y de higiene y prevención que recomienden las autoridades sanitarias.

-Evite hablar permanentemente del tema.

-Apóyese en su familia y amigos.

-Ayude a su familia y amigos a mantener la calma y a tener un pensamiento adaptativo a cada situación.

-Acuda a fuentes oficiales y busque información contrastada por expertos: Autoridades sanitarias, colegios de profesionales, organismos internacionales como la OMS, etcétera.

-No contribuya a dar difusión a rumores y noticias falsas. No alimente su miedo ni el de los demás.

-Procure hacer vida normal y continuar con sus rutinas en la medida de lo posible.

-Tenga cuidado con las conductas de rechazo, estigma y/o discriminación. El miedo puede hacer que nos comportemos de forma impulsiva, rechazando o discriminando a ciertas personas.


A quienes están entre la población en riesgo con base en lo que informan las autoridades, se les recomienda:

-Siga las recomendaciones y medidas de prevención que determinen las autoridades sanitarias. Confíe en ellos porque saben lo que tienen que hacer. Ellos tienen los conocimientos y los medios.

-Infórmese de forma realista y siga las pautas emocionales antes señaladas.

-No trivialice su riesgo para intentar evadir la sensación de miedo o aprensión a la enfermedad.

-Tampoco magnifique el riesgo real que tiene. Sea precavido y prudente sin alarmarse.

-Si le recomendaran medidas de aislamiento, tenga presente que es un escenario que puede llevarle a sentir estrés, ansiedad, soledad, frustración, aburrimiento y/o enfado, junto con sentimientos de miedo y desesperanza, cuyos efectos pueden durar o aparecer incluso posteriormente al confinamiento. Trate de mantenerse ocupado y conectado con sus seres queridos.

-Genere una rutina diaria y aproveche para hacer aquellas cosas que le gustan pero que habitualmente por falta de tiempo no puede realizar (leer libros, ver películas, jugar videojuegos, ejercitarse en casa, etcétera).

A quienes ya padecen la enfermedad, se le aconseja seguir las recomendaciones anteriores y además:

-Maneje sus pensamientos intrusivos. No se ponga en lo peor anticipadamente.

-No se alarme innecesariamente. Sea realista. La inmensa mayoría de las personas se están curando.

-Cuando sienta miedo, apóyese en la experiencia que tiene en situaciones similares. Puede que ahora no lo asocie por tener percepción de mayor gravedad. Piense cuántas enfermedades ha superado en su vida con éxito.

¿Cómo explicar a los niños qué es el COVID-19 y la suspensión de las clases?

Desde su irrupción por primera vez en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei (China), la percepción de muchos en occidente es que nos encontrábamos ante un problema exclusivo del gigante asiático y, a lo mucho, en los países colindantes. Pero a tres meses, el virus se ha diseminado por distintos países de los 5 continentes y se ha convertido en un verdadero problema mundial.

En los últimos días se están tomando medidas en el ámbito educativo, que suponen el cierre de centros educativos y la suspensión de las clases.

Por eso es conveniente tener en cuenta que los niños, meros espectadores de la tempestad, sufren las consecuencias y pueden sentirse abrumados por momentos con cuestiones como ¿qué es el coronavirus?, ¿por qué no puedo ir a la escuela?, ¿son vacaciones? Estas preguntas pueden rondarles por la cabeza y por ello conviene que los padres sepan satisfacer esa curiosidad pero con mucha responsabilidad.

Primeramente, hay que abordar el porqué de la situación. Es recomendable preguntarles qué saben sobre el nuevo coronavirus y qué dudas tienen, tratando siempre de responderles de manera sencilla y transmitiendo calma. “Es un nuevo virus que se descubrió en China en diciembre de 2019”, supone una forma concisa de definirlo, añadiendo que ante cualquier molestia deben informarlo a los adultos y practicar las medidas de higiene correctamente.

También hay que explicarles por qué no hay clases, siempre de forma tranquila y con mucha claridad para no confundirlos a alarmarlos. “Es recomendable que los padres expliquen la situación a los menores de manera sencilla, poniendo ejemplos de la vida cotidiana, dando respuestas claras y sin permitir que el miedo les invada, teniendo en cuenta que los niños están expuestos a mucha información”.

Se debe poner muy en claro que el cierre de escuelas no significa vacaciones. Por eso, durante el tiempo que los niños permanezcan en casa, es necesario organizarles un horario y explicarles que no están de vacaciones, que deben seguir con sus tareas escolares. Por fortuna, muchos maestros han estado dejando material didáctico para que los niños trabajen en casa.

De igual forma hay que evitar convertir ciertas medidas de contención en verdaderos “rituales y obsesiones” para niños y adolescentes, como lavarse las manos de manera exagerada, querer salir de casa sólo con mascarilla o alejarse de los niños que tosen o estornudan.

Ante todo, hay que tranquilizarlos, hablar con ellos y no mostrarnos exagerados; eso les ayudará a reducir este tipo de respuestas, pues si los adultos mostramos preocupación excesiva, aumentará la ansiedad en los niños.