Los impuestos y la muerte

Se ha hablado con insistencia de la pretensión de simplificar la recaudación de los impuestos que termina siendo un dolor de cabeza.

Jaime Darío Oseguera Méndez

Sin duda la gran noticia de la Ley de Ingresos aprobada la semana pasada es la decisión de no aumentar impuestos. Ha sido una promesa sostenida por el Presidente López Obrador bien vista por todos los sectores de la población.

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Es congruente además con la necesidad de reactivación económica en el país como consecuencia de la pandemia. Es momento de volver a crecer y, en general el aumento de los impuestos o la creación de nuevos tributos, no hubiera sido una buena forma de incentivar confianza.

Se ha hablado con insistencia de la pretensión de simplificar la recaudación de los impuestos que termina siendo un dolor de cabeza. Ojalá lo logren con estas medidas que se aprobaron.

Una de las cuestiones más relevantes es sin duda la creación de un nuevo régimen tributario: El Régimen Simplificado de Confianza, que es una modalidad impulsada por la Secretaría de Hacienda a través del SAT, que en teoría pretende simplificar el cumplimiento de las obligaciones fiscales de los contribuyentes que no pasen de 3.5 millones en ingresos. Entra en vigor el primer día del 2022, con una serie de reglas que no necesariamente lo hace tan atractivo.

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Está orientado a los contribuyentes con actividad empresarial, profesional o bajo el uso o goce temporal de bienes.

En el fondo se trata de una medida para aumentar la base tributaria. Es una tarea que se ha intentado desde siempre por medio de diferentes modelos, el Régimen de Incorporación Fiscal, el de Pequeños Contribuyentes y otros más que en realidad no han tenido mayores éxitos.

Las tasas de pago de impuestos van del 1% para los de menos ingresos, hasta el 2.5%. Se ha planteado como un mecanismo tan simplificado, que el contribuyente pudiera inclusive prescindir de su contador, lo cual es en sí mismo un ataque para ese gremio. Seguramente los contadores se sentirán agraviados.

Siempre es interesante un modelo que hace el cálculo de los impuestos sobre la base de los ingresos totales y no de las utilidades. Es una discusión eterna en el ámbito fiscal. Lo que quiere el gobierno es que los individuos paguen impuestos para tener más ingresos.

Vamos a ver qué respuesta hay y si se tienen los resultados esperados. A fin de cuentas, quienes pagamos impuestos, aspiramos a que todo mundo lo haga de acuerdo con un sentido mínimo de equidad.

Otro de los asuntos que causó gran debate fue la propuesta de obligar a todos los mayores de 18 años a inscribirse en el Registro Federal de Contribuyentes. Es natural que los gobiernos quieran ampliar su base de contribuyentes, sin embargo, el gran desafío se le presenta al SAT, que tiene graves problemas en atender a los contribuyentes que ya se encuentran registrados.

No alcanzo a imaginar la locura que representa obligar a millones de jóvenes a registrarse en el RFC si ni siquiera pueden atender las solicitudes de cita para quienes solicitan su inscripción. Actualmente están prácticamente detenidas.

Cualquier persona que haya solicitado en los últimos dos años, cita para obtener su Registro Federal de Contribuyentes, sabe la dificultad para obtenerla, principalmente en personas morales.

De cualquier manera, a quien tenga un salario, contrate una cuenta de banco o realice cualquier actividad formal, le solicitan tener su RFC, asi que no es una situación absolutamente novedosa. Me imagino que la autoridad fiscal trata de crear una cultura de inscripción y pago de impuestos desde que se cumple la mayoría de edad. En este asunto tampoco habrá muchos cambios ni pasa nada: se van a inscribir aquellos que lo necesiten para realizar alguna actividad económica por menor que ésta sea. Fue más ruido que nueces.

La economía informal nunca se va a acabar. Existe inclusive en los países más desarrollados del mundo. Lo importante es que el tamaño y la proporción de la informalidad respecto de los que si pagan impuestos, sea poco significativo.

El delito de defraudación fiscal cada vez estará más a las puertas del contribuyente. El gobierno sigue absolutamente empeñado en perseguir a quienes emiten facturas falsas y, por ese conducto, aumentar la recaudación apretando a las personas físicas o Empresas que Facturan Operaciones Simuladas (EFOS). A mi me parece una excelente postura aumentar los ingresos persiguiendo a quienes se enriquecen cometiendo delitos, en lugar de hostigar al contribuyente común que con trabajos se genera un mínimo de ingreso.

Hacienda sabe qué botones apretar. Tal vez por eso hay que ver con mucho detenimiento la restricción para deducir los donativos que realizan las empresas o personas físicas a asociaciones sin fines de lucro.

Está claro que dentro de las diez mil donatarias autorizadas por el fisco, existen abusos por parte de empresas que por ese conducto buscan beneficios para sus accionistas o evaden impuestos.

En general lo que se pretende es controlar los excesos según lo dicho por la propia jefa del SAT. Habrá que hacer una salvedad para que las organizaciones de beneficio social como las fundaciones que apoyan a niños con cáncer o afectados por diferentes enfermedades, a mujeres violentadas o quienes ayudan causas que no necesariamente están en el radar de interés del gobierno, puedan seguir contando con los contribuyentes generosos. Es una solidaridad que requiere cualquier sociedad.

En el mundo real de los asalariados, este tipo de cambios no afectará de mayor manera. Los contadores seguirán teniendo mucho trabajo, Hacienda perseguirá a quienes evaden, los cautivos mantendremos la economía a través de los ingresos y los que no pagan seguirán seguramente en la informalidad.

Le atribuyen a Benjamín Franklin la frase de que sólo hay dos cosas que sabemos con certeza nos van a pasar en la vida: los impuestos y la muerte. Así que tarde o temprano todos vamos para allá.