LA CASA DEL JABONERO | Sin tiempo para soñar

El soul, como buen hijo del blues, es emoción pura, es fuego que llega hasta los tuétanos del alma, y a veces ese fuego se calma sólo con lágrimas.

Jorge A. Amaral

Han estado pasando cosas en mi vida que obligan a cambiar dinámicas, costumbres y prácticas, y para un animal de rutinas como su servidor, dejar ciertas cosas, ver que ya nada es como lo conocí, abre una herida pero trae cosas que reconfortan. Mientras pienso en esto, escucho “Changes”, de Black Sabbath, pero que en la voz de Charles Bradley adquiere un nuevo significado, en un soul descarnado.

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Charles Bradley fue un singular cantante de soul, tanto por su estilo como por la forma en que su carrera se desarrolló, ya que no fue sino hasta luego de cumplir 50 años que pudo grabar un disco y adquirir renombre, al grado de ser recordado como The Screaming Eagle of Soul.

Nació en 1948 en Florida, pero a los 8 meses de edad fue abandonado por su madre, quien 8 años después fue por él para llevarlo a vivir a Brooklyn, en Nueva York. Su destino quedó marcado en 1962, cuando, a los 14 años de edad, su hermana mayor lo llevó al Teatro Apolo de Nueva York a ver a James Brown en concierto. Ese recital ya forma parte de la historia de la música, pues permite apreciar al Rey del Soul en todo su esplendor, en una década en que la música negra tuvo gran influencia cultural y política en Estados Unidos, un país dividido por la creación racial y la lucha de la comunidad afroamericana por sus derechos civiles. No está de más recordar la importancia política de James Brown y otros artistas de soul y R&B, a la par de personajes como Martin Luther King y Malcolm X, así como el movimiento del Black Panther Party. Sin todo eso, hoy el hip hop no existiría, porque fueron la base.

Durante décadas estuvo en el underground, haciendo presentaciones en bares y pequeños foros, sobre todo imitando a su gran ídolo, James Brown, hasta que el sello Daptone Records dio con él, ya que esa disquera se dedica a mantener vivo el sentimiento del funk y el soul de los 60 y 70 con gente que lo está haciendo actualmente, y es que Bradley ha sido comparado con la emotiva entrega de Otis Redding.

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Como ya había dicho, Bradley fue abandonado a los 8 meses de edad por su madre, quien lo dejó a cargo de su abuela, en Florida. Cuando Charles tenía 8 años, su madre apareció para llevarlo con ella a Brooklyn, en Nueva York. Hacia 1962, en plena explosión del soul y el R&B, su hermana lo llevó a ver en concierto a James Brown en el Teatro Apolo. A partir de ese momento el soul se metió en todo el organismo de Charles, el funk se apoderó de él, al grado de que comenzó a imitar los pasos de baile y la forma de cantar de James Brown.

Pero estamos hablando de la década de los 60, de la comunidad afroamericana en Nueva York, y las condiciones obviamente no eran las mejores, y por eso, al cumplir 14 años, Charles escapó de su casa orillado por la pobreza, así que durante dos años deambuló por las calles, durmiendo en vagones del metro.

Trabajando en bares y restaurantes, un buen día un compañero del trabajo le comentó que se parecía mucho a James Brown, y hasta le preguntó si él no cantaba. Al principio Charles se mostró tímido, pero finalmente admitió que sí sabía cantar. Así, la banda del local lo invitó a echarse un palomazo, lo que repitieron cinco o seis veces, y cuando se planeaba dar forma a un proyecto musical, los otros miembros de la banda tuvieron que enlistarse para ir a Vietnam y la idea de formar un grupo se vino abajo, así que Charles volvió a la cocina del restaurante de Maine en el que trabajaba.

Ahí estuvo durante 10 años hasta que decidió cambiar de rumbo y, pidiendo aventón, con escalas temporales para trabajar recorrió el estado de Nueva York, Seattle, Canadá y Alaska, hasta llegar a Californio en 1977, donde se asentó. Siempre con empleos de día, de noche ofreció pequeñas presentaciones durante 20 años, con las que ganaba un dinero extra anunciándose como The Screaming Eagle of Soul, Black Velvet y a veces como James Brown Jr., pues la sombra del Rey del Soul nunca lo dejó.

Ya en la década de los 90 regresó a Nueva York a vivir con su madre, y en esa ciudad siguió presentándose como imitador de James Brown bajo el nombre de Black Velvet. Pero el regreso a Nueva York trajo más problemas, ya que poco después casi murió en un hospital debido a que le fue suministrada penicilina sin saber que era alérgico, y poco después, estando en casa de su madre, tuvo que levantarse abruptamente por el escándalo que hacían patrullas y una ambulancia. Fue a ver de qué se trataba, caminó por la calle y llegó a la escena del crimen: el muerto era su hermano.

Pero las presentaciones como Black Velvet, imitador de James Brown, siguieron, y un día fue descubierto por el cofundador de Daptone Records, Gabriel Roth, quien lo contrató como corista. Al paso del tiempo, con un productor apoyándolo y una banda a su lado, dejó atrás a James Brown y comenzó a grabar sencillos y a presentarse ya como un artista original hasta que en 2011 nació el disco que lo consagró.

A la edad de 63 años hizo su debut con “No time for dreaming”, un disco en el que a pesar de que la influencia de James Brown es evidente, fue recibido con los brazos abiertos en el circuito del rhythm and blues norteamericano, y es que en esos años se dio un revival del soul similar al que años después vivió el rockabilly.

Ese primer disco dice mucho, pues a los 63 años, cuando muchos artistas están en retiro o llevan una rutina más lenta, y otros ni siquiera llegan, Bradley apenas tenía su primer álbum. Además, dada la vida de carencias que tuvo desde su nacimiento, tanto afectivas como económicas, llevan a pensar en el nombre del disco como postura personal: sin tiempo para soñar. Porque en los barrios marginados se saca dinero de alguna u otra forma o no se come, no hay tiempo para ensoñaciones, y a los 63 años, con un infarto previo y la experiencia de vida, tampoco hay mucho tiempo para el ensueño, sólo disfrutar lo obtenido y seguir luchando.

En el año 2013 salió al mercado “Victim of love”, que constituye todo un tratado de emotividad en la música soul. Con su potente voz, en este disco Bradley pudo romper el molde de James Brown en el que vivió toda su vida y dio rienda suelta a lo que él como artista tenía para ofrecer.

Con ese disco bajo el brazo y la buena recepción del primero, Bradley primero hizo giras por Estados Unidos y luego saltó a los escenarios internacionales, acompañado por la sección instrumental de Daptone y en conjunto con Sharon Jones, otra extraordinaria voz negra y emotiva que, igual que Bradley, vivió sus días de gloria casi al final de su vida.

De esa forma Bradley y Jones se erigieron como nuevos embajadores del soul. Y aunque ninguno de los dos descubrió nada nuevo ni hizo nada innovador como otras estrellas del R&B, precisamente su esencia de soul clásico los posicionó en un mercado que suele ser bastante purista. Ambos eran pura pasión desbordante y casi ningún artista contemporáneo alcanza ese nivel emocional encarando las canciones, resquebrajando al oyente con su fuerza, con su hambre insaciable al micrófono, con un modo de cantar que a veces es un puñetazo directo en el alma.

En 2016 llegó “Changes”, su tercer disco, de donde destaca enormemente el tema del mismo nombre, original de Black Sabbath. El disco está inspirado en la muerte de la madre de Bradley, con quien sólo al final de sus días tuvo una relación más amable. Pero no era ese el único cambio que experimentaba el cantante, ya que él mismo sabía que era una especie de guardián de un género en vías de extinción, y por eso en el disco se reivindica esa identidad de sobreviviente afroamericano que estuvo en las calles en el periodo más álgido de la lucha por los derechos civiles y que ahora volvía a pararse frente al dilema racial. Con reminiscencias a iconos como Otis Redding o Solomon Burke, “Changes” se enlaza en cierta forma con las preocupaciones actuales de los marginados.

Finalmente, el 23 de septiembre de 2017, el cáncer de estómago apagó su vida en Brooklyn, a la edad de 68 años. Por eso el primer disco es demasiado ilustrativo: tres años tuvo para gozar el reconocimiento a su talento y el éxito en la música, tres años para llevar el mensaje del soul a todo el mundo, tres años para conquistar los corazones de quienes lo escuchamos, de los amantes del soul y el R&B que buscamos un sonido clásico, con mucha emotividad, porque el soul es energía pura, es vida, es amor, es pasión, es a veces una caricia en la espalda o un chingadazo en la cara, y ambas cosas nos pueden hacer estremecer.

Así que escuche a este hombre, pero eso sí le digo, habrá canciones con las que sentirá ganas de llorar, pero no se sienta mal por ello, recuerde que el soul, como buen hijo del blues, es emoción pura, es fuego que llega hasta los tuétanos del alma, y a veces ese fuego se calma sólo con lágrimas.

Posdata: ¿Borrón e historia nueva?

De nueva cuenta la Cuarta Transformación quiere resignificar la historia de México para despertar en nosotros un sentido nacionalista radical, fomentar, como durante el siglo XX, el rencor cultural hacia España. Es así que la estatua de Cristóbal colon por una cosa que dicen que representa a una mujer indígena.

Está bien, el gobierno puede hacer lo que le venga en gana con sus cosas, pero nada cambia quitando esa estatua, la historia seguirá siendo la misma. Los seres humanos también somos memoria, ya que el devenir es lo que nos da forma, lo que nos da identidad, y borrar vestigios del pasado no cambia nada.

México tiene un pasado prehispánico, sí, pero también un pasado colonial y una herencia compartida con España, y como dijo el español Davy Rodríguez, retirar esa estatua es una auténtica burrada.

Está bien si queremos borrar la historia de la Conquista y la Colonia, pero entonces dejémonos de estupideces y aprendamos a hablar alguna lengua originaria, deshagámonos de todo lo que tenemos como producto del sincretismo y, para empezar, este 15 de septiembre no hay que celebrar nada, y si lo hacemos, evitemos la tontería de escuchar música de mariachi, porque eso también es producto de la herencia cultural europea. Es cuánto.