La Casa del Jabonero: Charlie Daniels: Fuego en la montaña

Este 6 de julio, a los 83 años, falleció uno de los iconos de la música country: Charlie Daniels, y por eso hoy recordamos dos discos extraordinarios

Jorge A. Amaral

Esta semana falleció uno de mis músicos favoritos, en general y de una de mis mayores debilidades, la música country, y por eso dejaremos en paz por esta semana a la clase política, a don AMLO y sus traspiés y a Silvano Aureoles con sus valientes declaraciones cuando el presidente no está junto a él. Pero hablemos de Charlie Daniels.

‘El Diablo bajó a Georgia’

Luego de su lanzamiento en 1979, “The Devil went down to Georgia” no sólo saltó a las listas de popularidad de todo el país, sino que además se impuso sobre otros géneros, llegando al tercer lugar de la lista Billboard’s Hot 100, sólo detrás de “My Sharona”, de The Knack, y la canción de Earth Wind and Fire “After the love has gone”.

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Con esta canción, Daniels ganó el Grammy en 1979 por Mejor Interpretación Country Vocal por un Dúo o Grupo, y fue llevada al cine cuando Daniels la interpretó en el filme de 1980 “Urban cowboy”.

Pero el éxito de este tema no es accidental, pues sobre el ritmo vertiginoso de la melodía, Daniels habla sobre Johnny, un músico que apuesta su alma al Diablo en un duelo de violín y al final le gana; el premio: un violín de oro.

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La estructura permitió a Daniels y su banda mezclar bluegrass y riffs de rock vertiginosos, ardientes, y resultó ser una combinación ganadora.

El duelo consiste en extraordinarios solos para que al final Johnny gane diciendo: “Te lo dije una vez, hijo de puta, soy el mejor que ha habido aquí”. Así, durante 40 años interpretó el tema en cada presentación, siempre retándose a sí mismo.

El tema fue ampliamente versionado, así, hay interpretaciones de Johnny Cash, Primus y Jerry Reed, y en español se dio a conocer con Caballo Durado, y el grupo de country en español 8 Segundos también tiene su versión.

En favor de las fuerzas armadas

Además, Charlie Daniels ejerció otra de sus pasiones: apoyar a las tropas y veteranos estadounidenses, por lo que durante muchos años cruzó los océanos para tocar ante los miembros activos en Kuwait, Iraq y Afganistán.

En 2014 participó en la fundación de Journey Home Project, una iniciativa que logró reunir más de un millón de dólares para apoyar a los veteranos mediante programas de caridad. Cada año realizaba un festival a beneficio de esta causa, y con su esposa Hazel creó el Centro Familiar para Veteranos y Militares en Tennessee.

En redes sociales siempre se pronunció contra la violencia, el terrorismo y los asesinatos de policías, siempre desde su postura conservadora.

Discos, discos

Ahora bien, quiero recomendar dos discos que resultan fundamentales en mi melomanía y que sé que a más de alguno podrían gustarle: el primero, “Fire on the mountain”, y el otro, el último que grabó el extraordinario violinista, “Night hawk”.

Fuego en la montaña

A diferencia de otros discos de la década de los 70, en este álbum Charlie Daniels resulta mucho más apegado al country clásico y al country rock, y es que este músico, que murió a los 83 años de edad, fue de los más multifacéticos del género, de esos que no han temido explorar nuevos sonidos, lo que ha originado que su discografía sea tan variada por el hecho de que en ningún álbum repite la fórmula.

El corte inicial es “Caballo Diablo”, llamado así porque nadie podía domarlo, pues al ser mitad caballo y mitad diablo, sólo era montado por un jinete que a su vez fuera mitad hombre mitad y mitad diablo también: “They call him Caballo Diablo, half horse and half devil they say, Caballo Diablo the outlaw of the Blanca Sierra Madre”.

De ahí nos pasamos a “Long haired country boy”, una belleza de canción en la que Daniels simplemente es quien es, sin ataduras morales ni religiosas, y al que no le guste, puede irse por donde vino: “But I ain’t asking nobody for nothin’/ If I can’t get it on my own / If you don’t like the way I’m livin’ / ya, just leave this long haired country boy alone”. Así de fácil. Es de esas canciones que lo invitan a uno a dejarse de poses y no andarle haciendo al muy interesante, y por eso, a medida que he ido conociendo la música de este señor, más duro suenan mis botas en la banqueta.

De destacarse es la polémica “The Souths’s gonna do it again”, que pone de manifiesto un marcado orgullo sureño, y por eso hay menciones a diferentes músicos y bandas de southern rock como ZZ Top, Lynyrd Skynyrd o The Marshall Tucker Band. Lo malo del asunto comenzó cuando en 1975, el tema, que se refiere a que el rock sureño sea relanzado y reconquiste su gloria, fue tomado por grupos radicales como un llamado a devolver a los estados del sur la gloria confederada de antes de la Guerra Civil, y por eso el Ku Klux Klan usó la canción en comerciales donde promovían sus eventos, así que ya en el número publicado el 20 de diciembre de ese año, Daniels declaró en tono airado a la revista Billboard: “Estoy muy orgulloso del sur, pero seguro que no estoy orgulloso del Ku Klux Klan… escribí la canción sobre la tierra que amo y mis hermanos. No fue escrita para promover a grupos de odio”. Valga la anécdota ahora que el tema está de moda por el efecto George Floyd y el “Black lives matter”.

El disco casi cierra con una joya en vivo: “No place to go”, toda una jam sesión que va del country al rock pasando por el jazz y el blues. Hipnótica, excelentemente bien ejecutada, es la canción ideal para perderse un rato.

Y al final, también en vivo, la mítica “Orange Blosson Special”, ese clásico del bluegrass que es una prueba de fuego para cualquier violinista de country que se precie de serlo, ya que se toca sobre todo en festivales para que los músicos demuestren su virtuosismo. Destacando que Daniels, además de excelente guitarrista es un virtuoso del violín, su interpretación de este clásico del folclor gabacho está como para chuparse los dedos.

Acústico, tradicional

El otro disco del legendario Charlie Daniels, este pionero del southern rock, es “Night hawk”, un tributo por parte del músico a la vida de los vaqueros, su trabajo duro, pues dijo alguna vez: “Nuestros conceptos sobre los vaqueros y el Oeste están derivados de las películas y la televisión”, cuando, continúa, “la verdad del asunto es que los verdaderos vaqueros no son personajes brillantes en la oscuridad que van por ahí luchando contra bravucones y limpiando salones con sus puños. El vaquero real es una raza trabajadora, diferente, que pasan horas sin fin en la silla de montar (…) y ‘Night hawk’ es un tributo al vaquero trabajador y su estilo de vida”.

Por eso en este álbum encontramos homenajes como “Billy The Kid”, escrita por Daniels, y su excelente versión de un clásico en “(Ghost) Riders in the sky: a cowboy legend”, cuya letra es fantásticamente hermosa. Así pues, como un homenaje, Daniels explora la mitología western en un disco que por acústico tiene un aire más tradicionalista, más folk.

Sin duda, dos discos ideales para servirse un whisky, recargarse en el asiento y simplemente disfrutar mientras celebramos la música de Charlie Daniels.

Por lo pronto mi Stetson está impecable y lista, las botas están boleadas y la música country ameniza la carretera. Es cuánto.

Postdata: ¿qué esperaban?

Los detractores de AMLO esperaban ver correr sangre en Washington, que el presidente fuera de majadero, altanero y belicoso a la Casa Blanca. De haberlo hecho, Trump hubiera estado en todo su derecho de sacarlo a patadas.

Cierto, hay toda una historia de declaraciones y libros contra el magnate escritos por el tabasqueño, pero la visita no fue para pelear con el vecino, sino que fue una misión diplomática, si es que los panistas y los priistas como Silvano Aureoles saben lo que eso significa.

Por cierto, este sábado los del FRENAA volvieron a salir a pasear en coche y de paso quejarse del presidente. Chale, ya dan flojera. Salud.