Liliana David / La Voz de Michoacán Un infante español, de nombre Demetrio Bilbatúa, a quien llamaban «el hijo del rojo», en alusión a su padre republicano, que fue fusilado por los franquistas durante la Guerra Civil española, se convertiría hacia finales de la década de los años setenta en camarógrafo oficial de la presidencia de México. Aquel niño gallego nacido en 1935 en la ciudad de Vigo, en la provincia de Pontevedra, ubicada en el norte de la península ibérica, había llegado a tierras mexicanas en 1945 con apenas diez años cumplidos. Fue nuestro país el lugar que le dio la posibilidad de mirar un horizonte más allá de la pobreza y del hambre agravados por la Segunda Guerra Mundial. Tras padecer tales circunstancias históricas, que lo arrojaron a este lado del mundo junto a su madre y sus dos hermanos, el fotoperiodista y cineasta hoy es reconocido por su trayectoria extensa, la cual lo sitúa como cronista y testimonio visual de la vida pública, cultural y social mexicanas, tras varias décadas documentando las transformaciones del país con su cámara. Con sus 91 años cumplidos, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) le otorgará en octubre próximo el Ariel de Oro en reconocimiento a su aportación al cine nacional, ya que entre sus contribuciones se encuentra un archivo documental con más de mil piezas fílmicas. En ese tesoro visual, que da cuenta no sólo de la transformación de la cultura cinematográfica, sino también del México moderno, se describe una especie de antropología visual en torno a diversas tradiciones que forman parte de nuestra identidad: la Noche de Muertos en Michoacán, las danzas del Carnaval de San Juan de Chamula, en Chiapas; el Carnaval en Veracruz, la Guelaguetza en Oaxaca, así como otras ceremonias representativas de diversas etnias de México. Museo Soumaya Demetrio Bilbatúa filmó un amplio abanico de imágenes que retratan las expresiones culturales en el formato de 35 milímetros. En dicho acervo, del que forman parte los documentales Raíces de México (1989), La pintura mural mexicana (1982) o La ruta de la independencia (1980), también hay estampas en movimiento de la vida urbana de la Ciudad de México, lugar donde actualmente se encuentra la filmoteca que lleva su nombre dentro del Museo Soumaya, ya que la Fundación Carlos Slim ha digitalizado todo el acervo de Bilbatúa en formato 4K para hacerlo accesible al público en todo el mundo. En estas piezas documentales, algunas de las cuales se encuentran disponibles en internet, se halla una parte de esa memoria filmográfica de Don Demetrio, quien capturó las escenas sobre la visita a México de figuras de la política internacional, como Charles de Gaulle o John F. Kennedy y su esposa, Jackie Kennedy, en los años 60. También documentó parajes recónditos de las bellezas naturales del país, así como la apertura de los Juegos Olímpicos del inolvidable año de 1968. «Su cámara inmortalizó la vida nacional: desde las campañas presidenciales de Adolfo López Mateos, pasando por la colosal infraestructura de los Juegos Olímpicos de México 1968», destaca la AMACC como uno de los aspectos relevantes de la larga trayectoria de Don Demetrio dentro de la industria. Precisamente, en aquellos años del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, obtuvo la nacionalidad mexicana, junto a su hermano Ángel. El propio Bilbatúa ha compartido para las cámaras de una televisora española una curiosa anécdota sobre el recuerdo de aquel importante día: «Díaz Ordaz es el que me hizo mexicano, cuando le dijo al secretario de Relaciones Exteriores: “Señor secretario, vaya usted con los hermanos Bilbatúa a la Secretaría de Relaciones y que sean mexicanos”.“Señor, es que no nos mandó el Gobierno de España el certificado de buena conducta que necesitamos para ese requisito”. Y me acuerdo todavía ‒refiere Don Demetrio‒, porque estaba yo en el despacho de Díaz Ordaz, que se puso fúrico y le responde: “Cuando el presidente de la República dice que se hagan mexicanos, va usted ahora mismo y me los hace mexicanos; ¿qué tenemos que esperar un certificado de buena conducta, que nunca nos lo va a mandar ese dictador?”. Y así fue, la verdad», confiesa Don Demetrio. La historia no deja de resultar graciosa y con cierta ironía. Con ese gesto, Díaz Ordaz terminaría su administración en 1970, mientras que, a Francisco Franco, el dictador español, aún le quedaban cinco años de vida, ya que no murió hasta 1975. En el 2005, el Festival Internacional de Cine de Morelia, para celebrar los 50 años como cinefotógrafo de Don Demetrio, incluyó en su programación el documental El último país mágico, una película hecha con material reunido de su filmoteca personal, de la cual el documentalista seleccionó las mejores secuencias de su largo andar por México, para después filmar lo que le hacía falta e incluirlo. Así que en aquel año pudo presentar en Morelia una película de 45 minutos en la que también participó el escritor Carlos Montemayor, quien enriqueció con la palabra el discurso visual de sus imágenes filmadas desde 1955. Hoy, en la capital del país, en la sala cuatro del Museo Soumaya, se lee una significativa historia sobre la vida del documentalista hispano-mexicano, en la cual Don Demetrio ha inmortalizado su sentir respecto de la tierra en la que pudo exiliarse y vivir una nueva ilusión: «Una de las primeras películas que vi y se me grabó profundamente era Allá en el Rancho Grande. México entonces me parecía una tierra inventada en la pantalla del cinematógrafo. Quién diría que ese país de mis fantasías iba a ser mi segunda patria». Nota relacionada En una época donde el cortometraje institucional corría el riesgo de la monotonía, Demetrio Bilbatúa Rodríguez dotó a las imágenes de una fluidez sin precedentes. Su aportación técnica más celebrada y estudiada fue el uso de la disolvencia de imágenes. A través de este recurso, logró otorgar un dinamismo orgánico a las transiciones, un ritmo casi musical que rompió con el corte directo y acartonado de los informativos tradicionales del siglo pasado. Su contribución al cine mexicano trasciende el impresionante volumen de su archivo fílmico; radica en la revolución técnica y narrativa que inyectó al género documental y al periodismo cinematográfico. Liliana David es Doctora en Filosofía por la UMSNH. En 2001, comenzó su trayectoria como periodista cultural en los principales diarios del estado (Provincia, Sol de Morelia y La Jornada Michoacán). Del 2006 al 2013, fue reportera de la sección de cultura en La Voz de Michoacán y, tras siete años de diarismo, inició sus estudios de posgrado en la Maestría en Filosofía de la Cultura de la UMSNH, participando en Congresos y Seminarios internacionales tanto en México como Argentina y España. Desde el 2021, colabora en larevista española Contexto (Ctxt) y en Diario Red. Ha publicado en el libro colectivo Ctxt, una utopía en marcha, editado bajo el sello de Escritos Contextatarios. Actualmente, tiene interés en la investigación de las relaciones entre la literatura y la filosofía, la identidad y la migración, así como en la divulgación del pensamiento a través del periodismo.