Liliana David / Colaboradora de La Voz de Michoacán Relacionar el tiempo presente con el pasado es otra forma de adentrarnos en esa danza de los números, que, al mezclarlos o intercambiarlos, permiten hacer cábalas para intentar comprender lo misterioso de la vida. En 1909, en la ciudad coruñesa, el ecléctico teatro Rosalía de Castro tomó su nombre en reconocimiento a esa gran poeta que hoy es un símbolo cultural en toda España. Por ello, me resulta significativo pensar que con esa misma combinación de números puedo escribir 1990, el año en que ocurrió el feminicidio de Liliana Rivera Garza, convertida también en un emblema, pero, en su caso, de lucha y búsqueda de justicia ante la ola de muertas en México y el mundo. De pronto me viene una idea: ¡qué manera tan secreta tenemos las mujeres para hablarnos a través del tiempo y de una historia que ha querido invisibilizar nuestro papel en ella! El invencible verano de Liliana llegó al teatro Rosalía de Castro, a través de la adaptación escénica de esta novela con la que Cristina Rivera Garza ganó el premio Pulitzer en el 2024. Durante muchos años, la autora, que figuraba entre los nombres para llevarse este 2026 el premio Nobel de Literatura, pospuso la escritura del que hoy es su más célebre libro, ante las dificultades que implicaba enfrentarse a un hecho tan doloroso: tener que hablar sobre el asesinato de su propia hermana. El duelo muchas veces se transformó en silencio, un silencio que la arrinconó en la soledad hasta llevarla a vivir una especie de muerte silenciosa que la fue aislando, poco a poco, del mundo. Pero el arte y la literatura aún pueden salvar algo de nuestra humanidad. Por ello, 30 años después del crimen, Cristina decidió compartir su rabia por medio de la palabra, para que la justicia en el mundo no sea una «muerta» más. Así, nos entrega a los lectores una autobiografía documental que está basada en los diarios que dejó Liliana. 2026 comienza la segunda temporada en España, México, Chile y Perú El libro, tan terrible por el suceso que narra, pero tan maravilloso por la forma en que teje su testimonio, es el que hoy permite que su nombre viaje por el mundo y que continúe su travesía por medio del teatro. Sabemos por las confesiones de la autora que Liliana quería convertirse en marinera y navegar por los océanos. Y es el mar del norte de España el que contemplo, desde una de las calles que está detrás del recinto teatral. Son las 20:00 horas y me encuentro en la puerta de acceso. Pasados los minutos, ya en el interior del foro, el altavoz anuncia la primera llamada. El teatro es para 600 personas, aproximadamente, pero no está abarrotado. Sin embargo, la energía de los espectadores llena el espacio. La escenografía es austera, apenas se ven unas cajas de cartón que reproducen los archivos que guardó la protagonista de esta historia siendo estudiante en la Ciudad de México, donde sus amigos la vieron por última vez con vida. Las cajas sirven como soporte para que una luz blanca se proyecte en ellas y aparezcan los nombres de los testigos que, en la voz de Cecilia Suárez, narran los grandes sueños que tenía una joven con 19 años, antes de que el «Ángel» exterminador la asesinara una madrugada en su casa. Cecilia encarna a Liliana, pero no es un monólogo, es un coro de voces el que interpreta en un solo acto que dura 80 minutos sin intermedio. Durante el tiempo en que transcurre la puesta en escena, sólo dos personas se retiran del teatro antes de que la obra consiga llegar a los 40 minutos; alguno que otro sale y vuelve, pero nadie más se mueve. Solo se escucha durante toda la función a quienes carraspean, tosen, ¿expresarán así su incomodidad por lo que va revelando la puesta en escena? Pienso también en los hombres: ¿cómo se sentirán interpelados con esta obra que habla de un feminicidio? Mientras tanto, algunas mujeres ríen por momentos y otras lloran, según avanza el relato. Las que están junto a mí, se pasan un paño por el rostro. Es el grito de la actriz que de pronto abre una grieta en el corazón desde donde emerge de nuevo la rabia. En México, se asesinan diez mujeres al día. Pero ahora estamos en España, donde también hay violencia de género, y aquí las mujeres igualmente son asesinadas a manos de sus parejas, exparejas o familiares. Es verdad que las cifras no se comparan, pero la triste realidad es compartida. Cada vida es una perla en la historia humana y no debería quedar reducida a una cifra. Pienso en Claudia, por ejemplo, la chica española que fue a Morelos a estudiar unos meses y ya no pudo regresar viva con sus padres. Pienso también en Jessica, en Debanhi, y en tantas otras que ya no están, cuya historia merece ser contada. La lucha de las mujeres tiene que seguir. Mientras la herida sigue abierta en las calles, el telón se cierra y los espectadores vamos desalojando el teatro al tiempo que la tristeza va yéndose lentamente de nuestros cuerpos. No tengo prisa. Digiero las emociones. Así que espero afuera del recinto a la actriz mexicana. Todos se han ido. Sólo estamos otra mujer y yo afuera del teatro. De pronto, sale Cecilia ya desmaquillada, con un abrigo de forro grueso, y veo que no trae buena cara. La señora se le acerca, le dice algo rápido y se despide. Yo también me acerco para felicitarla y le digo que he leído la novela y que me gustaría hacerle una entrevista. Le propongo que la hagamos al día siguiente, antes de su segunda y última función en la ciudad, no sólo porque veo que ahora está cansada, sino porque me parece que el tema hay que tratarlo sin prisa, con hondura y sensibilidad. Pero al escucharme hablar, cuestión que le habrá provocado curiosidad por mi acento, me pregunta de dónde vengo. Le respondo que de Michoacán y exclama: «¡Ay, allá está horrible!» Entonces le comento que Morelos actualmente es el estado más inseguro del país y luego añade que también su natal Tamaulipas está complicado. Por todos lados, insiste. Pero volviendo al tema de la obra, le comento que su vestuario me recordó a la última fotografía con la que se vio con vida a Debanhi, aquella chica de Monterrey cuyo caso en 2022 se hizo viral. Cecilia me responde: «¡Ay, es verdad!, no había pensado en eso, pero tienes razón ahora que lo dices». Entonces le insisto en que me gustaría hablar de ese y otros asuntos relacionados con la novela y su adaptación al teatro, cuando de pronto me pregunta de qué medio vengo. Le respondo que de La Voz de Michoacán. «Soy periodista cultural», le aclaro. «¿Pero sólo de cultura? –se inquieta ella–, porque el periodismo es un oficio de riesgo». Le confirmo que así es, algo que parece tranquilizarla. Me pide que espere, que me va a dar el teléfono de su representante para que nos pongamos de acuerdo. A los pocos segundos, sale la mujer a la que ella misma ha ido a buscar dentro del teatro, el cual ya habían cerrado. Y una vez que aparece con la asistente, la actriz se va. Al día siguiente, por la mañana, como me ha solicitado su representante, le escribo. Pasados unos cuarenta minutos, me responde con un mensaje de WhatsApp en el que me informa que, lamentablemente, Cecilia no va a poder darme la entrevista ni antes ni después de la última función. Así que el silencio es la respuesta a mis preguntas, pienso. Y vuelvo a recordar lo que denuncia la obra. Es el silencio, el mismo silencio que forma parte del problema. El río del silencio, el río de injusticias, el río-fosa de mujeres, el río que se funde con el mar para desaparecer en medio del océano. Pero la verdad no se hunde; alguien la verá, algún día, flotando. Liliana David es Doctora en Filosofía por la UMSNH. En 2001, comenzó su trayectoria como periodista cultural en los principales diarios del estado (Provincia, Sol de Morelia y La Jornada Michoacán). Del 2006 al 2013, fue reportera de la sección de cultura en La Voz de Michoacán y, tras siete años de diarismo, inició sus estudios de posgrado en la Maestría en Filosofía de la Cultura de la UMSNH, participando en Congresos y Seminarios internacionales tanto en México como Argentina y España. Desde el 2021, colabora en larevista española Contexto (Ctxt) y en Diario Red. Ha publicado en el libro colectivo Ctxt, una utopía en marcha, editado bajo el sello de Escritos Contextatarios. Actualmente, tiene interés en la investigación de las relaciones entre la literatura y la filosofía, la identidad y la migración, así como en la divulgación del pensamiento a través del periodismo.