Indígenas y feministas. Lejos de las grandes ciudades también gritan contra la violencia

Los movimientos de mujeres este año tienen un sello importante, ha tenido un mayor eco, en comparación de años pasados, para indígenas michoacanas.

Foto: Notimex.

Paola Franco / La Voz de Michoacán

Morelia, Michoacán. Las manifestaciones de mujeres en este año fueron históricas en Michoacán, la convocatoria unió a miles y además tuvieron presencia no sólo en la ciudad capital, otros municipios se sumaron a las marchas del Día Internacional de la Mujer.

Municipios pequeños, con comunidades indígenas, donde las tradiciones están aún más arraigadas, fueron escenario de las marchas que encabezaron las mujeres el pasado 8 de marzo, lo que a decir de Rubí de María Gómez Campos, investigadora especializada en feminismo, fue un gran paso, y la importancia radica en que con estas acciones mujeres de dichas poblaciones se den cuenta de su propio valor humano y conozcan sus derechos.

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Pátzcuaro, Santa Clara del Cobre, Uruapan y poblaciones de la Costa, se sumaron en esta ocasión a las movilizaciones, con consignas como “Ni una más”, “Ni una menos”, “Nos queremos vivas”, “Nos están matando”, y “Queremos paz”, mujeres y hombres marcharon el domingo pasado.

"Que las mujeres de esos municipios se sumen a la lucha de las mujeres de las grandes ciudades da cuenta del uso positivo de esos recursos (internet) y nos habla de cómo la conciencia crítica de las mujeres se ha incrementado", expresó la catedrática de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).

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Foto: Angélica Ayala.

Por su parte, la doctora en Filosofía por la UMNSH, Guadalupe Trejo Estrada, aplaudió que haya un mayor eco del movimiento que “busca lograr un cambio en la manera de pensar las relaciones entre hombres y mujeres en México, que eventualmente lleve a cambios en las actitudes y comportamiento de todos y todas en todos los subsistemas de la ecología humana. Desde las familias hasta el Estado mismo, pasando por las iglesias, la educación y los medios de comunicación”.

La investigadora que se ha especializado en la temática indígena, consideró que el hecho de que las convocatorias de los días 8 y 9 de marzo de este año hayan sido atendidas por mujeres y hombres también en localidades donde antes no habían tenido tanta respuesta, es una prueba de un cambio de mentalidad que está siendo aceptado por más personas.

Foto: Jaime Lagunas.

Mujeres y tecnología

La participación de más mujeres en las manifestaciones obedeció al uso de las nuevas tecnologías para informarse sobre las movilizaciones y lo que las motivaba.

Gómez Campos consideró importante ese tema, ya que "Si aspiramos a la construcción de una sociedad democrática, que pueda aprovechar eficientemente los cambios tecnológicos y científicos producidos en los últimos años, el siglo XXI requiere un avance paralelo de procesos de inclusión política y de desarrollo económico equilibrado entre todos los sujetos productivos".

La investigadora también expuso que el feminismo provee el recurso imprescindible de un modelo de desarrollo humano y de acceso a la justicia, que debe acompañar el desarrollo material de los pueblos.

Feminismo indígena

Sin duda alguna existe un feminismo indígena, y el movimiento parece crecer, expuso Trejo Estrada, quien mencionó que varias mujeres indígenas universitarias o líderes comunitarias han estudiado las características y los impactos de la ideología machista en la cultura y las relaciones entre hombres y mujeres indígenas.

Señaló que, en las comunidades, las feministas se enfrentan a realidades particulares. “Por ejemplo, las mujeres indígenas que son violentadas por sus parejas, aunque en proporción son menos que las no indígenas, sufren más agresiones o violencia física y sexual que las no indígenas. Estas últimas sufren más violencia psicológica que física”.

Además, las mujeres indígenas suman a esta violencia directa en el ambiente doméstico, la violencia estructural que las afecta como miembros de grupos indígenas empobrecidos y marginados, expuso la investigadora.

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A decir de Gómez Campos, los pueblos que mantienen relaciones humanas dañinas y dolorosas para ambos sexos "deben ser capaces de superarlas, y de construir su propio proyecto de emancipación incorporando los criterios universales y recurriendo a la sabiduría ancestral de su propia tradición".

De la misma manera que el feminismo occidental, un feminismo indígena está obligado a la creatividad para alcanzar el sentido de una libertad en diálogo con las mujeres, y sobre todo a partir del respeto a su dignidad, consideró la investigadora.

"Los pueblos originarios, por su parte, tienen la ventaja de contar con una tradición de respeto a la naturaleza (más cercana al carácter nutricio de las mujeres), que el abandono actual de la sacralidad de lo femenino de las ciudades más urbanizadas".

Activismo indígena

Ejemplos de la lucha de la mujer, desde y para las comunidades indígenas, son algunas de las ganadoras de la Presea Eréndira de este año.

El pasado martes, Marianela Baltazar Téllez recibió la Presea Eréndira a la Perseverancia. Ella es abogada originaria de la comunidad de Tejero, en el municipio de Zacapu y su labor es inspirada en el movimiento indígena y en el feminismo, ha trabajado con mujeres de su comunidad en la impartición de curso y talleres dirigidos a la identificación de todas las formas de violencia en contra de las mujeres.

Es integrante de la Red de Abogadas Indígenas del Estado de Michoacán e integrante de la CONAMI, donde ha dado seguimiento a casos de mujeres víctimas de violencia de género.

Foto: Notimex.

La Presea Eréndira a la Defensa de los Derechos Humanos de las Mujeres fue entregada esta semana a "Las Baltazar", un grupo de mujeres indígenas de la comunidad de Zopoco, en el municipio de Chilchota, que está liderado por Guadalupe Felipe González, quien se quedó a sus 61 años a cargo de sus nietas tras la muerte de su hija.

"Las Baltazar" hacen activismo contra los feminicidios. Parte del grupo lo conforman: Celina Baltazar Felipe, Alma Miriam A. Baltazar, Karen Yazmin A. Baltazar y Nereyda A. Baltazar.

Esta organización decidió posicionarse como defensor de las mujeres purépechas, para hacer de la justicia una herramienta para quienes la necesiten. Y es además un icono de lucha para el no maltrato a la mujer, postulando la idea de defender los derechos de las otras mujeres, como si fueran los suyos.

Zapatistas vigentes

El movimiento zapatista engendrado en la década de los noventas, se ha caracterizado por dar cabida al feminismo en su discurso, y en esta ocasión no fue la excepción.

Mujeres del EZLN se pronunciaron a favor del paro nacional del 9 de marzo y se movilizaron un día antes.

Foto: veme.digital.

Para Rubí de María Gómez Campos, la participación de las mujeres indígenas es indicativa de cómo el machismo no es exclusivo de las ciudades más “desarrolladas”, porque el desarrollo no puede reducirse a lo material o lo económico, sino incorporar el aspecto espiritual o moral de un desarrollo humano.

"Ambos contextos (material y económico) han descuidado la importancia de los valores humanos más preciados para el crecimiento espiritual de los pueblos. En la medida que los pueblos originarios sepan estar por encima de la violencia contra las mujeres, y sepan cómo identificar, desplegar y compartir sus valores más positivos (tanto los  ancestrales como los que incorporen del mundo moderno) serán capaces de aportar a la decadencia de occidente una esperanza", dijo al ser cuestionada sobre la participación de las zapatistas en las manifestaciones de este año.

Feminismo para hombres

Trejo Estrada consideró que es necesario que los hombres se incluyan en la agenda feminista, y señaló que en las comunidades indígenas las mujeres asumen más pasivamente los roles tradicionales de género, por lo que trabajar con ambos, hombres y mujeres, es imprescindible.

“Se sabe que en la medida en que las mujeres nos resistimos más a la violencia machista, somos más violentadas. De ahí que, aunque en las ciudades o las regiones menos tradicionales sí podemos ver un cambio en la mentalidad de las mujeres, si este cambio no incluye además a los hombres, no estamos exentas de sufrir violencia”.

Mientras que Rubí de María Gómez Campos destacó que la sensibilización de personalidades violentas, atrapadas en esquemas de comportamiento machista, deben ser cuestionadas por los mismos varones cuya conciencia crítica esté más desarrollada.

"El arte, la formación crítica y los procesos de coeducación (entre hombres y con mujeres especialistas en el combate a la violencia), son recursos valiosos para la transmisión de contenidos que permitan identificar daños y efectos negativos que afectan a los hombres que ejercen violencia hacia las mujeres y contra ellos mismos", dijo.

Trejo puntualizó que las mujeres indígenas asumen con menor resistencia los roles tradicionales de género, y que esto explicaría que la violencia psicológica de hombres contra mujeres en esos ambientes es un proporcionalmente menor, de un 47% según datos del INEGI, sin embargo la violencia física y la sexual son mayores en dichas poblaciones.

Agregó que la ideología está presente tanto en comunidades indígenas como en las ciudades grandes, “aunque quizás en éstas el proceso de cambio de esta ideología lleve algo de ventaja, sobre todo en las mujeres”.

Respecto a la educación para los hombres machistas, la también catedrática de la UMSNH y de la UVAQ, mencionó que un buen principio sería que la capacitación la recibieran de otros hombres no machistas. “Por supuesto, y de eso no me queda duda, que las mamás tenemos una responsabilidad muy grande de no formar en la ideología machista a los hijos e hijas, pero me refiero más a una educación fuera de la familia, quizás dirigida a adolescente y a adultos que no la recibieron en su casa. Me gustaría ver a los hombres educando a otros hombres en la equidad de género. Porque no creo que un macho, de entrada, piense que las mujeres tenemos algo que enseñarles”.