Redim: Lucha contra crimen llenó a México de sangre de niños y niñas; Uruapan muestra lo sanguinario

La madre de Luis Ángel contó que su hijo era un ávido jugador de videojuegos y que se había escabullido el lunes después de que le ordenó que no fuera al negocio de videojuegos. Nunca lo volvió a ver con vida.

Foto: La Voz de Michoacán.

Redacción / La Voz de Michoacán

Uruapan, Michoacán. Juan Martín Pérez, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), lamentó el asesinato de cuatro menores de edad en un negocio de videojuegos en Uruapan, Michoacán, y también criticó que las autoridades han sido incapaces de parar las "masacres" contra niños, niñas y adolescentes.

En el caso de Uruapan tenemos que tener presente la forma sanguinaria de violencia extrema como suceden los acontecimientos, el uso desproporcionado de armas de fuego, la manera en la que son asesinados, nos habla no solamente de la gravedad de estos hechos, sino la ausencia del Estado para garantizar la vida y la integridad de niños y niñas", dijo.

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Martín Pérez recordó diversos episodios violentos que ha sufrido la población más joven de México:

Estas distintas masacres siguen en su gran mayoría sin mucha investigación, salvo el caso expreso de la familia LeBarón que ha movilizado al país entero y ha tenido algunos avances. Esta masacre tiene que llamarnos profundamente la atención porque vuelve a ratificar lo que hemos estado señalando por una década: la necesidad de revisar la estrategia de militarización y lucha contra el crimen que ha llenado a este país de sangre de niños, niñas y adolescentes", aseveró el defensor de derechos humanos.

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"Este país sin duda heredó un país en guerra, heredó también un alto índice de impunidad, 97 por ciento de impunidad en todas las carpetas de investigación sobre niños y niñas", concluyó.

Cuatro hombres armados entraron al negocio aparentemente en busca de rivales de un cártel que supuestamente pasaban el rato ahí. Al parecer no los encontraron, pero de todas formas comenzaron a disparar, matando indiscriminadamente a quienes estaban al interior.

La historia de Ángel.

Entre las nueve personas sepultadas ayer estaba Ángel, un estudiante de segundo año de secundaria que jugaba en el local de maquinitas cuando recibió un disparo en la cabeza y otro en el cuello.

Miguel Ángel, trabajador de la construcción y padre del menor, contó que cuando llegó al local encontró a su hijo tirado, junto con las demás víctimas, una imagen que describió como “aterradora, feroz, inhumana y cruel”.

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Relató que para poder arribar hasta el lugar tuvo que burlar los cercos policiales. Al llegar, su primera reacción fue tomar a su hijo en brazos y ver si aún respiraba, para intentar salvarlo. Incluso, colocó su mano sobre una de las heridas, en un intento desesperado por parar la hemorragia, pero ya no había nada que hacer… su hijo estaba muerto.

Angelito, afirma el padre, era un niño con muchas ilusiones, bromista, deportista y con el anhelo de llegar a ser un profesionista.

En sus ratos libres, al menor le gustaba jugar en el local de máquinas tragamonedas, que se convirtió en una escena del crimen.