La Casa del Jabonero | Políticos, foco de infección

Para las campañas, los políticos tendrán que reinventar sus prácticas en tiempos de pandemia, en tanto comienzan los golpes bajos, pero doña Beatriz sale al quite

Jorge A. Amaral

Los políticos mediocres no viven de crear ideas positivas para su pueblo, sino que sencillamente viven de su imagen.
José Ingenieros

Han sido varios funcionarios que ya resultaron con COVID-19 o con sospechas de contagio, el caso más reciente, Alfonso Martínez Alcázar, el exalcalde moreliano que ahora quiere ser candidato a gobernador.

Y es que la política no conoce de tiempos ni restricciones si se trata de salir a conseguir el voto, hay que hacerlo al precio que sea, no importa a cuánta gente se arriesgue, la promoción es la promoción y las fotos para los espectaculares no se van a tomar solas.

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Se podría pensar que lo escrito en párrafos anteriores no es sino muestra de mi aversión a los políticos. Quizá en parte, pero es que hay que ver más hacia adelante, porque si eso es ahora, con reuniones pequeñas, algún desayuno, una comida nada multitudinaria, ¿qué podremos esperar en meses siguientes, ya con las campañas a todo lo que da, con plazas a reventar, con salones de eventos en los que ya no cabe un alfiler, con la fanaticada queriendo aquella foto con el candidato, deseando estrechar su mano, buscando darle una palmadita en la espalda y, de paso, una hoja de papel con algunas peticiones.

Quizá se vea como algo muy lejano, pero en realidad no lo es tanto pues el proceso electoral arranca el 7 de septiembre, y para febrero del próximo año la arena estará de bote en bote, la gente, loca de la emoción, y la pandemia no se habrá ido.

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Así es que en la política también se impondrá una nueva normalidad, en la que el activismo tendrá que ser distinto, pues lo más prudente será que ahora, en lugar de andar casa por casa, en mercados y semáforos saludando a la gente, los equipos de campaña tendrán que trazar estrategias digitales para llegar a los eventuales electores, ya sea a través de los medios de comunicación o por las redes sociales. Si hasta ahora nos han tenido acostumbrados a un jingle ingenioso, anuncios medio tontos, espectaculares que nadie pela, playeritas que todos los fans desean, gorras por las que se pelean en los mítines, vaya, todo lo que en este país representa una campaña política en términos propagandísticos, ahora las cosas tendrán que ser diferentes, porque si hay un poquito de responsabilidad en los candidatos, tendrán que aguantarse las ganas de actuar como estrellas de rock para que la gente los apapache, y en lugar de eso, dirigir mensajes a través de las redes, la radio o la televisión.

Si esto se hiciera de esa manera, apostando más a lo digital, serían campañas incluso más baratas, sin la contratación de costosos escenarios y equipos de audio, video e iluminación; sin erogar recursos para comilonas ni gastar en camiones y camionetas para trasladar a cientos o miles de acarreados. Con ello también sería menor la cantidad de basura en las calles, pues al no haber eventos multitudinarios, no habría las toneladas de basura que cada mitin de grandes dimensiones deja, desde las cáscaras de cacahuate hasta el banderín que ya botaron los “compañeros” del candidato.

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Pero habrá quien pregunte y hasta me reproche que lo anterior no es posible en las comunidades, en los ranchitos donde luego ni señal de celular hay, menos internet para aventarse el streaming del mitin virtual. A eso, quien esto escribe respondería: si de todos modos al ranchito tal o cual van sólo en la capa maña, para tomarse fotos con los señores, abrazar señoras y cargar niños, para luego no volver a pararse en el lugar; si ya cuando están en el puesto, a esas rancherías y colonias a las que les prometieron servicios y pavimentaciones ya luego no se les hace caso, cerrando la puerta en las narices de los representantes que acuden a buscar cumplimiento de las promesas de campaña. Vaya, si alcaldes, regidores, alcaldes, legisladores y gobernadores van y vienen y muchas comunidades siguen prácticamente igual, ¿para qué exponerlos en un evento en el que se les dirá lo mismo de siempre? Mejor, ya cuando estén en el puesto, si se acuerdan de esas comunidades, trabajen en su beneficio.

Pero habrá candidatos muy ciudadanos que dirán “es que hay que ir a las comunidades para que se sientan escuchadas, para que la gente de las colonias nos hable de sus necesidades”. Muy sencillo: si quieres gobernar un municipio o representar un distrito, de entrada, es porque lo conoces, conoces a su gente y sabes cuáles son las necesidades en cada zona, sabes dónde urge una pavimentación, dónde la escuela causa vergüenza, en dónde se ubican las familias más pobres y qué colonia es foco rojo en inseguridad. Si quieres contender por un puesto de elección popular y no tienes esos datos, estás jodido, déjate de tarugadas y dedícate a otra cosa.

Por ello no es necesario que los candidatos sean un foco de infección y salgan a la calle a contagiar a la gente, pero eso es un sueño guajiro, porque al final, ¿a qué político no le gusta que le hagan caravanas, que le lancen vítores y lo hagan sentir un líder amado?

Los ojos de AMLO

Esta semana, el gobernador de Querétaro, Francisco Domínguez, confrontó a Andrés Manuel López Obrador. En el mismo lugar donde el presidente dicta la agenda, pero donde también acusa, juzga y hasta da veredictos; en el mismo púlpito desde donde el presidente azuza a las multitudes para odiar a tal o cual funcionario, para reprochar malos comportamientos, pero también para emprender revanchas políticas; desde la maña manera, el gobernador se paró recto y, volteando a ver al presidente, que estaba atrás de él, se defendió de los señalamientos esgrimidos por el actual ariete de la Cuarta Transformación, Emilio Lozoya.

Y es que, recordemos, el exsecretario particular del gobernador aparece recibiendo enormes sumas de dinero por parte de un funcionario de Pemex, en tiempos en que el PRI y el gobierno federal maiceaban a legisladores para que se aprobaran las reformas estructurales del peñismo.

El presidente se apersono en ese estado como un mensaje de autoridad, y el gobernador, ante las incisivas preguntas de la prensa, se defendió de los señalamientos de un exfuncionario que, dijo, “vale lo mismo que su prestigio: nada”.

Más allá de si es cierto lo dicho por Lozoya o no, más allá de si Francisco Domínguez es corrupto o no, el hecho llama la atención por una cosa: enfrentó al presidente, y lo hizo en vivo y en directo, aunque fuera brevemente, y AMLO, tan hábil como es para la confrontación, guardó las formas.

Pero digo que llama la atención porque el queretano actuó distinto a como lo hacen otros gobernadores, que en las asambleas de la Conago, en sus redes sociales o en videos desde sus palacios o casas de gobierno, son fuertes críticos del presidente, le hacen reclamos, señalamientos y reproches. Hay gobernadores que atacan al presidente por las vías ya mencionadas, pero cuando están en un evento con él, cuando lo tienen de frente, con acceso a los micrófonos, simplemente agradecen la visita y/o la oportunidad, hablan de amistad, entendimiento y cooperación y aplauden, frunciendo el ceño y arrugando la nariz, pero aplauden.

Lozoya, señalamientos obvios

Habría que haber estado muy desinformado para no saber desde hace tiempo lo que Emilio Lozoya ha “puesto al descubierto”: la corrupción de senadores y diputados de diferentes partidos para que se aprobaran las reformas estructurales, el emblema de la administración de Enrique Peña Nieto.

Ernesto Cordero, Ricardo Anaya y otros, incluidos michoacanos, están en la lista que el exdirector de Pemex dio a la Fiscalía General de la República con los nombres de quienes recibieron fondos a cambio de aprobar las propuestas priistas. Pero también están los señalados por corrupción con Odebrecht.

Pero ahora que ya hay una denuncia de hechos formal, que se tiene a un testigo que con tal de salvar el pellejo y el de su familia es capaz de entregar a quien sea, falta ver qué hará el gobierno federal con toda la información en su poder.

Ahora que salieron a relucir los nombres de connotados panistas y priistas en las redes de corrupción de Pemex y Odebrecht, los lopezobradoristas están haciendo bolitas de gusto, lanzando el lapidario “¡se los dije!”.

Pero la respuesta no se hizo esperar porque ya salió el video, grabado en 2015, de Pío López Obrador recibiendo recursos del casi zar de las medicinas para la campaña presidencial de 2018.

Claro, el matrimonio presidencial ya aclaró que esas sólo eran aportaciones de la militancia, de la gente humilde, para el movimiento, no como el dinero que de Odebrecht recibió Lozoya para la campaña de Peña Nieto.

Lo más grave es que López Obrador no sabe si esos recursos fueron declarados al INE, aun cuando antes de ser candidato fue presidente nacional de Morena. ¿Ve usted por qué la aversión de este escribidor hacia los políticos y sus partidos?

La carne al asador

Con una pandemia en contra, Morena y el gobierno federal van a estirar todo lo que se pueda el caso Emilio Lozoya Austin para manchar a la oposición, tumbar lo que haya que tumbar y politizar todo lo que se pueda politizar el tema, sobre todo para que se nos olviden las aportaciones a Pío López.

Con la publicación de videos y la denuncia, la Fiscalía General de la República tiene que trabajar el doble para las violaciones al debido proceso no tumben lo que podría llamarse Carpa Lozoya, porque de que hubo corrupción, la hubo, pero eso se demuestra en juzgados, no en redes sociales.

Mientras tanto, la danza de las descalificaciones y provocaciones para sacar los trapitos al sol dentro del Pacto por México ya comenzó y ya tuvo sus primeros escarceos en Michoacán. Si no, que le pregunten al mismo Morón. Aunque eso no quiere decir que sólo del lado del partido guinda tengan cartuchos que quemar, la artillería electoral también debe tener algunos cuantos misiles listos para impactar... además del primero que ya le regalaron a la 4T y el hermano de López Obrador... cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar…

Postdata: ni princesa ni esclava

La esposa del presidente, Beatriz Gutiérrez, me recuerda esa canción que dice que “ni princesa ni esclava, simplemente mujer”, porque insiste en desmarcarse de la figura de primera dama, entonces es presentada como la escritora e investigadora, pero si le tocan al esposo, al chamaquito al cuñado, actúa tan primera dama como cuando Martha Sahagún cogobernaba este país al lado de su Chente.