La Casa del Jabonero | Te veo, te escucho… pero me vale

Pese a que Morelia es el segundo municipio michoacano con más contagios, Morón dice que no se detendrá la economía; habrá que ver qué tan caro sale esto

Jorge A. Amaral

Me gustaría decir que los dimes y diretes entre Silvano Aureoles y Raúl Morón en torno a las restricciones frente a la pandemia y el alza de casos en la entidad, sobre todo en la capital del estado, fue algo gracioso. Me gustaría burlarme y hacer chistes sobre ello, pero en realidad fue penoso, aberrante y, sobre todo, revelador.

Hay una frase demoledora dicha por Dewey, de “Malcolm el de en medio”: “Nunca espero nada de ustedes y, aun así, siempre logran decepcionarme”. Eso me hicieron sentir esta semana el gobernador y el alcalde de la capital.

En un principio, recordemos, el gobierno del estado determinó una serie de medidas más estrictas para reducir la movilidad y la aglomeración de gente, como suprimir los tianguis de fin de semana, acotar el horario de bares y restaurantes de jueves a sábado hasta las 11 de la noche y demás medidas que, aunque no son el remedio total, sí sirven para contener un poco la propagación del COVID-19.

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Hasta ahí íbamos bien, sabiendo que ya no podríamos ir al tianguis a pensar cosas, que tenemos que usar el cubrebocas a toda hora y en todo lugar, que los negocios que no cumplieran serían sancionados, pero en eso sale el alcalde moreliano a decir que no, que él no va a detener la economía de la ciudad. Algo que no es nuevo, ya desde abril dijo que no se ajustaría a lo determinado por el gobierno del estado, sino que él, estando bien chicho con el presidente, acataría lo que desde el gobierno federal le dijeran.

Pero esta semana, ante el desdén con que Morón trató al gobierno estatal, un adolorido Silvano sacó de su ronco pecho su sentir ante la indolencia y desprecios del profesor, y en la entrega de cubrebocas a transportistas empezó en tono de “te lo digo a ti, m’ija, pa’que lo escuches tú, mi nuera”: “Siempre hay sus excepciones, algunos quieren distinguirse y no acatan las medidas. Me refiero a los gobiernos, pero lo único que hacen es poner en peligro la vida de personas. Se quieren hacer los importantes y entonces anuncian que no están en contra de las medidas pero que no las acatan. Esa es una verdadera irresponsabilidad, porque juegan con la vida de las familias; hasta que no fallece alguien cercano, reaccionan y quieren el apoyo de los servicios de salud. No hacen lo que les toca y son responsables de la salud de sus municipios, pero tiempo al tiempo, después empiezan las quejas y las demandas de apoyo, pero antes promueven que la gente no cumpla con las medidas sanitarias”.

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Hasta ahí, cualquier alcalde se hubiera podido sentir aludido, desde Lázaro Cárdenas hasta Pátzcuaro, era muy en general, pero Silvano sabía a quién se refería; traía, como desde hace tiempo, entre ceja y ceja a Raúl Morón, el muchacho rebelde y combativo de la CNTE que hoy gobierna a la capital y sueña con honrar la memoria de don Melchor Ocampo acomodándose en el solio que el gran reformista dejó en Palacio de Gobierno. Entonces, ya encarrilado y con los micrófonos abiertos, el gobernador se aventó directo a la yugular morenista del alcalde: “Morelia es foco rojo de contagios justamente por las posturas tibias de sus autoridades, quienes han minimizado la problemática en el municipio; es muy lamentable lo que sucede. Necesitamos cerrar filas sobre todo con los ciudadanos en Morelia para que la crisis de contagios no se salga de control, si eso pasa, no nos la vamos a acabar, no nos van a alcanzar los hospitales”. Y al final, la estocada: “Las medidas no se aplican y causan confusión en la gente. Lo peor que puede hacer un gobierno es confundir a la gente en una crisis como ésta”.

Sobre estos dichos del gobernador, el alcalde se limitó a decir que respeta lo dicho por el mandatario, que están al tanto de lo que la administración estatal determine, pero el municipio es autónomo y él está bien asesorado por el gobierno federal para hacer lo que mejor convenga (no dijo que a sus intereses, pero por ahí va el asunto), que él no va a catalogar ni calificar a nadie. Vaya, dejó en claro que le vale un comino lo que digan Silvano Aureoles y su gobierno, él es pura cuatroté y en Morelia, como municipio morenista, sólo los chicharrones guindas truenan.

Cualquiera me dirá “oye, pero es nuestro alcalde, le importamos, nuestro gobernante local se preocupa por nosotros”, pero, queridos coterráneos, paisanos, vecinos, es muy sencillo: somos importantes sólo cuando estamos frente a la boleta electoral, porque el resto del tiempo, ¿qué más da que a usted o a mí nos dé COVID-19 porque hubo fiesta, porque su hijo o hija se fue de parranda a un bar y ahí se contagió y le llevó el virus a su casa?

Pero el gobierno del estado también ha actuado políticamente frente a la pandemia, rechazando la coordinación con el gobierno federal, diciendo “blanco” cuando desde la Federación se dice “rojo”, todo porque el gobernador aspira a nuevos horizontes políticos al ser lo único que le queda a su partido rumbo a 2024 a nivel nacional.

Por eso, para el año que entra, que habrá elecciones, desde ahorita vaya viendo cómo ha actuado cada político frente a la pandemia. Le digo esto porque hay alcaldes que invitan a su municipio pese al alza de contagios, hay políticos que a todo le sacan raja política, hay quienes lucran con las necesidades de la gente (como los diputados), hay alcaldes que no están dispuestos a meter en cintura la cantina local sólo porque es donde ellos y sus allegados se embriagan, hay otros que, argumentando que no detendrán la economía y apelando a la autonomía municipal, no les importa poner en riesgo a más personas. Por eso, el próximo año, cuando todos esos personajes anden por las plazas y calles saludando de mano, siendo amables, sonrientes y pidiendo el voto; cuando sus rostros le aparezcan en la boleta, recuérdelos y tome en cuenta que si en lo más feo de la pandemia les valimos madre, en el futuro no se puede esperar nada mejor de ellos. Al tiempo.

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La reciente aprobación en Oaxaca para que a menores de edad no se les vendan o regalen productos azucarados y refrescos fue aplaudida por un amplio sector, incluso por el paladín de la lucha contra el veneno embotellado, Hugo López-Gatell. Pareciera algo histórico, que Oaxaca es un estado pionero, que la medida es altamente progresista, pero la dulce ingenuidad nubla la vista de estas personas.

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